8.2.17

La La Land, bella pero...

... qué desperdicio de tan bella noche. (La La Land, 2016)



La La Land es bella, como ver un atardecer en la playa o un amanecer visto desde una cima. Todo con música de fondo. Bellas melodías, y, a veces, un poco de jazz. Bella como una postal, una hermosa fotografía que nos hace imaginar cómo sería estar allí, dentro de ella, o mejor, en el lugar que nos muestra. Su historia puede ser nuestra historia, la de todos. Un sueño, o dos, o miles de sueños convergiendo en una oda al amor, al arte y a la vida misma. 

Hay en La La Land cierto espectáculo que no deja indiferente al espectador, y, como el cine provoca una percepción sensorial en el individuo, éste reacciona condicionado al momento exacto en que es expuesto a la película. Así, La La Land puede enamorarnos o marearnos, inspirarnos o decepcionarnos, conmovernos o aturdirnos...

Está pensada, y filmada, de tal forma que negar su belleza parezca necedad, sin embargo, las percepciones sensoriales no siempre son confiables. Si algo es bello no necesariamente implica que sea bueno, ni que sea bueno implica que sea excelente, menos perfecto. La La Land es eso.


La La Land, descrita brevemente, es la historia de dos soñadores: Mía y Sebastian. Ella, aspirante a actriz; él, pianista de jazz. Ambos, por separado, luchan a diario por alcanzar su sueño. Tras un par de encuentros fugaces, terminan envueltos en un idilio, cuyo destino está sentenciado justamente por los sueños de ambos.

A la película a penas le alcanza para obra de arte, mas no para obra maestra. Es un musical, pues se presenta como tal, más como homenaje al género que como vía o esencia propia. Es más, su pero más grande (pues hay varios) es que, al usar el género como excusa, tropieza en desarrollar su historia y no hay profundidad.

Los musicales, los clásicos, los buenos, las obras maestras del género, sobresalen justamente porque la musicalización de los diálogos, las canciones o los bailes, no fueron simplemente actos de coreografía y talento bien filmados, sino que desarrollaban y potenciaban la historia, dandole matices e incluso definiendo, a veces en una sola escena (canción, baile) la caracterización de sus protagonistas.  En La La Land, tenemos dos actores que hicieron bien su tareas previas, o sea sus ensayos, y que además de carisma, saben actuar.

Mía

Si Emma Stone no era la primera opción para la película, su participación sería lo más afortunado que pudo pasarle a la producción. Por menos, obtuvieron más. Emma sí actua. Ella pesa en la película. No por sex-appeal o arrastre en taquilla, ni porque la suya sea una súper actuación, sino porque en algunos lienzos se pinta mejor que en otros. Emma, visualmente, ayuda mucho a la idea visual del film.

No es una gran bailarina, ni una buena cantante; pero tiene talento que se transmite en su interpretación. Hay seriedad en su propuesta, incluso en los momentos menos serios. Eso habla bien de su compromiso con su papel. Sus ojos ayudan mucho a transmitir intenciones, más cuando ciertos planos están acentuados con música. Y el vestuario, una de las únicas tres cosas perfectas del filme, pues, le queda perfecto.


El guión no le ayuda mucho a su actuación. La edición, menos; pero aquí hay mucha culpa del director, algo que abordaré adelante. Sin embargo, ella, con lo poco que le dan, brinda una buena actuación.

Sebastian

Me sorprendieron algunas tomas de Ryan Gosling al piano. Sus manos demuestran disciplina, ensayos. Cualquier músico debe notarlo. Es difícil encontrar trucos a primera vista en una escena, y cuando un director cumple la regla "muestra lo que vas a hacer y hazlo" su idea es dejarnos pensado "¿cómo lo hizo?". Así, se obtiene lo que se ve: Ryan ejecutando demasiado bien escalas de jazz en el piano.

Se nota un más allá en la preparación de su personaje. Tocar jazz no es cualquier cosa. Interpretarlo de una manera creíble era lo mínimo que podía hacer, pero que el mismo actor toque el piano en las tomas, pues, supera expectativas.

Ryan se ve lento en los bailes, quizá un poco a propósito. Sebastian es músico no bailarín profesional, pero quizá se juega al despiste en eso. Si él se ve lento, Emma luce con más gracia...

Poco dramatismo en su interpretación. Ryan se opaca. A veces su rostro inexpresivo dice más que muchos de sus gestos. El guión no da mucho oro a su personaje, y queda poco desarrollado. Algunos diálogos, sobre todo donde se habla de jazz, son demasiado forzados y su interpretación lo evidencia.

Si no hay truco es sus escenas de piano, Ryan merece aplauso por eso. Pero nada más.

Ni Fred Astaire, ni Ginger Rogers



Que los actores muestren poco talento al bailar puede ser a propósito. La La Land es una forma sarcástica, casi despectiva, de referirse a Hollywood. Hay un tono sarcástico que probablemente era más fuerte, pero quizá quienes financiaron la película terminaron moderándolo.

¿No es el epílogo algo bello pero innecesario? A mi me lo parece.

La química entre los Emma y Ryan resulta. Afortunadamente para ellos, no hay más personajes de peso, no por falta de talento sino porque el guión así lo dispuso. Eso sí, la frase más potente la dice un personaje secundario, y sin necesidad de forzarla ni buscar solemnidad.

Más primero planos en escenas puntuales hubieran ponderado las interpretaciones. Damien no parece director de actores. Depende mucho del talento de los mismos (paso en Whiplash). En ocasiones, la cámara busca más el encuadre perfecto y no la intención interpretativa perfecta. Dirigir miradas es básico, pero se puede sacar más de ese ejercicio con paciencia e instinto. De no ser porque los ojos de Emma son expresivos per se, muchas de sus tomas hubieran sido bastante planas.

Emma y Ryan, comparados a Fred y Ginger, quedan como aspirantes; pero pensando en los que pudieron ser los posibles protagonistas, salen mejor calificados en cuanto a química. Seguro hay más mérito de algún productor ejecutivo en eso que en las versiones relatadas.

Música y color



Aquí hay truco. La puesta en escena es correcta, por eso La La Land es bella. La fotografía, el vestuario, la decoración, la ambientación... casi impecable todo. Incluir los colores de las gelatinas para cámaras (rojo, verde, amarillo, azul) como parte de las paletas de color fue muy atinado. Color block por doquier. El contraste es exquisito en muchas escenas. Hay un tono de melancolía visual que combina muy bien con la música. En muchas escenas, se busca emular la hora mágica (fotografía) acentuando perfectamente la idea del film. Los musicales, en su forma clásica, nos muestran sueños y soñadores. Nos muestran magia. Y, en ocasiones, esa magia queda grabada en la mente mucho tiempo en forma de nostalgia.

La música, pues, acompaña lo visual, como describiendo cada estado de ánimo en la historia. Primero, la introducción, alegre, jocosa, colorida, espontánea... luego, la presentación de los personajes. Por un lado, Mía, del colorido nocturno a azul melancólico; luego, Sebastian, de la claridad anónima y silenciosa a noche intima, azul. Azul, azul, azul.

Si Orson Welles tuvo a Gregg Toland, Peter Bogdanovich a Robert Surtees, Terrence Malick a Nelson Almendros, Alejandro González Iñárritu a Emmanuel Lubebezki, pues, Damien Chazelle contó con el arte de Linus Sandgren como director de fotografía, y así, todo es más fácil. Cuando dejas trabajar a los que saben, se tiene resultados satisfactorios, éxitos garantizados.

El truco es ese. La La Land está preciosamente fotografiada. Por eso la dirección parece (repito, parece) perfecta. Con escenas tan bellamente filmadas, Justin Hurwitz, el compositor de la música, tenía el camino fácil. ¿Acaso no es inspirador un bello atardecer? ¿Acaso un amanecer no provoca emociones? ¿No es la hora mágica (fotografía) un momento idóneo para soñar?

La mezcla del color y la música en La La Land es perfecta, ¡Y en cinemascope!

Damien, el tibio.

Ni frío, ni caliente. Me queje al ver cómo la escena más dramática de la película queda jodida por mala edición, y culpó a Damien por ello. Aquí su dirección está lejos de lo que hizo en Whiplash. El colorido, el ruido, la música, etc. han confundido a todo mundo. Son otros los que han hecho quedar bien al director. Además, siendo el guionista, pudo resolver las cosas de otra forma.

Damien ha copiado y adaptado cosas. Las calcó. Están allí todas las referencias. Buscó un hilo argumental donde mezclarlo todo y lo hizo bien, pero solo repitió fórmulas. Luego, se rodeo de un buen grupo para echar adelante el proyecto, pero eso es más tarea de la producción, no de él. O sea, las coreografías, no son trabajo de él. Las escenografía, los vestuarios, la música, la fotografía, etc. son trabajo de terceros. Si el director tiene libertad creativa, puede influenciar mucho al equipo, pero el cine es un trabajo colectivo. ¡Ni Kubrick logró control total!

Damien dirige bien, con ingenio; pero en La La Land va cargado en otros.

Hay tecnología como complice también. La escena icono de la película fue dirigida con tecnología. Montaje de tomas con efectos especiales. No es pecado, pero se han han escrito algunas falacias al respecto. Damien filma bien, pero tibio. Algunas escenas perfectamente pudieron ser filmadas por la segunda unidad, o por cualquier director de videos musicales. Y no pasa nada. Así se hace siempre. El director se encarga de lo importante, precisamente el trabajo con los protagonistas principales, con los actores. Allí es donde está el oro. No todo es cosa del director. ¡Consulten a Truffaut (como director, no como crítico)!

En mi opinión, el guión quedo cortito en el desarrollo de los protagonistas, y a penas alcanzó a resolver la historia. Aunque a nadie le ha molestado el asunto. Al terminar de ver la película, pensé en Titanic de James Cameron. Vacía pero espectacular y bella....

Ese sarcasmo que inicia desde que aparece la leyenda cinemascope en pantalla hubiera quedado mejor si el tono de comedia hubiera subido un poco. Sarcasmo por doquier. En la primer secuencia, mostrando a los soñadores atorados en el tráfico de Los Angeles. Voy por mi sueño, pero primero debo salir de aquí. La presencia de J.K. Simmons como un gerente de restaurante que prefiere Villancicos al jazz es buenísima, pero solo si viste Whiplash. Las fiestas en Los Ángeles como busca de chance (léase chance en cualquier connotación). El ringtone interrumpiendo un momento musical. El comentario, en la misma escena, sobre la vista desde Mulholland Drive justo al atardecer, cuando se da la hora mágica, sobre que es un desperdicio... John Legend a la guitarra. La cinta quemada mientras se proyecta una vieja película. O la visita misma al observatorio (ver estrellas)... hay un moderado sarcasmo que, claramente, en la industria lo han pillado a bien. ¡Hasta lo celebran!

La frase de Argo "un mono puede aprender ser director en un día" es sarcasmo puro. Una sola frase. ¡Pum! Damien tuvo material a la mano para sacar más de ese sarcasmo en su guión y se quedó en lo superficial, en lo simpático.

Para mi, Damien quedó tibio.


La La Land no es ni de cerca un gran musical cinematográfico. Es un gran show, sí. Es un espectáculo, sí. Es preciosa, sí, pero no está al nivel de los grandes musicales. Es más, debe nutriese de ellos para parecer que es estupenda.

Mencioné antes que al final de la película pensé en Titanic, aquella película que rompió todos los records de entonces y embobo a la humanidad entera. Pensé en lo parecido que es el caso de La La Land. Y no pude evitar pensar en fórmulas.

El camino de La La Land al éxito ha sido perfecto.

Una película se juzga al estar frente a ella, pero el espectador pude estar condicionado por muchos factores. Lo que se dice de ella antes, más toda la expectativa que se genera. O lo que se dice después de su estreno. Muchas películas murieron antes de estrenarse. Muchas buenas ideas quedaron en oscuridad mientras muchas malas ideas vieron la luz y fueron éxitos comerciales. El éxito de La La Land no ha sido casual. Hay un plan.

Mismo caso que Titanic, los estudios dudaron mucho de la idea del director. ¿La diferencia? James Cameron tenía crédito en Hollywood, como nadie en ese momento; Damien no tanto. Su película Whiplash fue más éxito de crítica que taquilla, aunque fue rentable comparada su inversión. Así, Titanic era del director de Aliens y Terminator, y esta es del director de Whiplash.

Whiplash fue genial. ¡Genial!

El siguiente paso era casi obvio. Se trataba de un musical. Un extraño experimento de musical. Una vez invertido el dinero, ¿qué hacer con eso? Pues exhibirla en un festival de prestigio (Venecia) mencionando al director de Whiplash.

¿Quienes van a los festivales de cine? los jurados, los que presentan sus películas, cinéfilos, inversionistas, críticos, prensa de espectáculos, actores, gente de cine, etc... O sea, gente condicionada por el séptimo arte.  Muchos de ellos invitados, con gastos pagados. Es, pues, gente que conoce muchas (o todas) películas en las que se basa (¿copia?) La La Land. Gente que no se saca El Mago de Oz de la cabeza, ni West Side Story (¿el mejor musical?), ni Singin' in the rain (de aquí mama mucho), entre otras. ¿Resultado? Aplauso garantizado, fácil. Buenas críticas, buenos comentarios. Colocar en tu póster de promoción frases de los comentarios y críticas positivas del festival y las cinco estrellitas por doquier. Nadie coloca en sus póster las malas críticas.


Vamos, que aún no llegamos al estreno oficial.

El estreno oficial se pospuso. ¿Por qué? ¿para qué? ¿retoques? quizá, pero se aprovechó muy bien la  promoción en la temporada de premiación... además, se hizo un estreno previo, eh. O sea, probablemente hay dos versiones de la película. Ojo a eso.

El público no piensa igual en julio que en agosto, menos en diciembre. ¡Y La La Land se estreno una semana previa a navidad! ¡Qué dulzura! ¿no?

Luego, un par de empujoncitos más... de la prensa extranjera en Hollywood, los Globos de Oro. Un record y ahora todos ven una obra de maestra.

No lo es.

No es una obra de maestra.

La La Land es bella. Negarlo es difícil. Frente a ella, solo queda disfrutar, u odiar. Sí, también se puede odiar su belleza y simpatía (no todo lo bello es simpático). Una vez cada cierto tiempo una película cae de pie en el mundo bendecida por la fortuna. La La Land es ese caso. Quizá la falta de optimismo global potencio que esta película simpatizara tanto con tantos.

Pero aquí no valoramos a la ligera. Las manzanas no son peras, y no todo lo que brilla es oro.

Paz.




21.12.16

Rogue One, sin mucha rebeldía

(Si la ha visto, lea; si no, aléjese)

Pantalla oscura, textos celestes. Se lee "Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana". Luego, para sorpresa, no hay melodía conocida, ni letras amarillas perdiéndose en el infinito. Hay un cambio. No un cambio menor. Un cambio significativo.

Rogue One es una historia de Star Wars. En teoría, no es precuela, ni tiene secuelas. Es como una anotación al margen. Una breve explicación de sucesos que explican otros sucesos, o que le dan cierto sentido, casi al grado de continuidad, sin serlo.

Es historia de Star Wars no solo porque se da en ese universo, sino porque coincide en espacio, tiempo y contexto con Star Wars; porque, además, hay personajes conocidos involucrados, y hasta empujados por lo que Rogue One nos cuenta.

Pero, Rogue One no es Star Wars.

No. No lo es.



En principio, Rogue One narra cómo un grupo de rebeldes obtiene, casi por accidente, información secreta de cómo destruír una arma de destrucción masiva que el Régimen de facto, contra el que luchan, intenta usar para destruír opositores; además, muestra cómo éstos roban los planos de esa arma para entregarlos a los líderes de la Rebelión.

Contado así, aplica para cualquier conflicto bélico, pero es a partir de esa línea argumental cuando se convierte en una historia Star Wars, pues el arma a destruir es la Estrella de la Muerte; los rebeldes pertenecen, directa o indirectamente, a la Alianza Rebelde y el Régimen de facto es el Imperio Galáctico.

Entonces, ya con los colores de rigor, Rogue One busca tomar distancia, separarse... a medias.

No es su argumento principal el problema sino los argumentos secundarios que usa para desarrollarse, complicando seriamente el guión y la historia en general. Los protagonistas, pues, quedan un poco desdibujados, por más personalidad y caracter (o falta de) que el libreto otorgue (o demande).

No estamos ante una mala película, no. Rogue One incluso es mejor que The Force Awakens, que sí es Star Wars. Ese detalle vuelve ambigua su valoración. No es, ni puede ser "la mejor película de la saga", como emotivamente algunos han opinado, por no pertenecer a la saga en sí. Además, se nutre demasiado de elementos de la primer trilogía para potenciarse, por lo que afirmar que "es la mejor" es ligero e inocente.

Si en una película, que busca ser independiente, se presentan dos o tres personajes claves de la primer trilogía, y muchas de sus mejores escenas son con y por estos personajes, pues, algo no salió del todo bien con la idea original. O, alguien metió demasiada mano en ella.
La Rogue One proyectada no es el corte original, está claro; y no debe serlo per se. Tampoco podemos hablar de corte del director, pues no estamos frente a una película de autor sino frente a la expansión de una franquisia, pero, teniendo The Empire Strikes Back en la lista, puede argumentarse que sí es posible, aun dentro del enfoque comercial, lograr hacer diferencia, sobre todo si la idea era precisamente esa...

Esto es una rebelión, ¿no?, pues me rebelo*



La pista al lío es el primer teaser y los trailers que promocionaron la película. ¿Por qué usaron escenas que desaparecieron al final? ¿Por qué ni los diálogos sobrevivieron?

Metieron mucha mano.

Hoy es común pensar primero los poster, teaser y trailer para ver las reacciones a los mismos. Luego, si es necesario, cambiar las cosas en post producción. Por desgracia, un universo como Star Wars da para teorías sin fin y expectativas distorsionadas. Basta revisar reacciones al poster promocional y comparar con las reacciones al primer teaser trailer. Los Estudios buscan lucro, por eso ahora es tendencia filmar líneas narrativas alternas, pues hasta se planea el dvd con escenas extendidas, edición del director, finales alternos, etc... para luego darle forma al proyecto, ¡incluso antes del corte final de la película! ¡Antes del guión!

Y, por enésima vez: el argumento no es la historia, la historia no es el libreto, el libreto no es el guión, el guión no es la historia, la historia no es el argumento, y así.

Pero en este caso es peor: si el argumento es válido (que lo es), la historia debe serlo también; por lo tanto, los personajes no pueden invalidarse a sí mismos dentro de la historia, o, claramente, estaremos frente a una omisión deliberada de hechos y protagonistas.

Tal es el caso.

¡Estamos ante el grupo que hizo posible la destrucción de la Estrella de la Muerte! ¡Y no pasa nada! O sea, sin el logro de este grupo ¡no hubiera sido posible destruir ni la primera ni la segunda Estrella de la Muerte! ¡Y nadie les mencionará después!





Evidentemente hay-hubo-habrá un conflicto narrativo en la realización de cualquier spin-off de Star Wars. Rogue One ha sido la prueba y error del caso.

Otra vez: no estamos ante una mala película; pero sí ante una idea mal lograda, y, quizá ante un problema a futuro: dejar huérfanos y en el olvido estas películas solo porque sí.

No hay tal rebeldía.

Jyn Erso, ejemplo de confusión

Si algo está mal logrado en esta película son sus personajes. No porque ellos por sí mismos no tengan categoria sino porque están obligados a malograrse, como a propósito. Dos personajes a penas y logran salvarse de ese destino: la heroína, interpretada por Felicity Jones y un androide, que no aparece en la imagen de arriba (¿estaba en el plan original?), cuya voz pertenece a Alan Tudyk.

Felicity logra que Jyn Erso tenga presencia, mas no gracias al guión, que es malo, ni al director, que evidentemente no sabe qué hacer con ella en muchas escenas. Un cisne siempre es bello entre patos. He allí su logro. Poca actuación. Su personaje es ambiguo y sus motivaciones están casi calcadas a las de todo el universo en que se basa este proyecto.

Da la impresión que ningún héroe de este universo hace algo por honor, vocación, profesionalismo o voluntad propia. Hacen las cosas por venganza, por problemas paternales, por frustración o simplemente porque no queda otra alternativa.

La teoría que Jyn era Leia daba sentido a muchas cosas y daba peso a la película, pero se juega al despiste. Si se dice que algo es negro, hacen todo lo posible porque así parezca y luego entregan algo gris, o blanco.

Hay intromisión. Jyn no es Leia, entonces su personaje, a pesar de su gesta, no puede trascender y menos opacar otros nombres propios, caso contrario a lo que pasa con Rey (The Force Awakens). Jyn tampoco es madre ni hermana de nadie relevante. Al menos conocemos a sus padres, pero ya sabemos como es la cosa en Star Wars con los padres de los héroes.



Jyn es el personaje revulsivo que vagamente lidera a un grupo de bastardos sin gloria que dan a la Alianza Rebelde uno de los bienes más importantes de Star Wars: los planos de la Estrella de la Muerte.

¡Bastardos sin gloria! Ni a eso atinan los guionistas. Dibujan personajes poco convincentes, demasiado caricaturescos. Y la forma de involucarlos en la historia es bastante sosa y forzada. Conato de héroes anónimos.
No se espera grandes actuaciones pero Sir Alec Guinness trabajo con material similar (él detestaba su papel) y logro crear personaje superior, sin igual, no por el guión, ni por la dirección de Lucas, sino por talento y profesionalismo.

Por eso, a pesar del colorido de sus personajes (multirracial, por cierto) y que el guión les dota de pequeños momentos épicos (¿no está hecho de eso el cine?), la mayoría se desluce en la historia misma.

De todos, Diego Luna, es el más afectado. Primero, porque después de Felicity es protagonista principal. Debía resolver su rol de mejor forma, aprovechar los pocos momentos claves que el guión le permite y evitar caer en en la trampa del conflicto interno innecesario de su personaje; y segundo, porque la motivación de su personaje es de las cosas más vagas del guión (casi inconvincente).

¿Era un reparto coral? Algo salió mal.

Si K-2SO, el androide, fue una imposición (seguro que sí), los guionistas lograron con ingenio involucrarlo en la historia a base de humor. Le dieron espacio suficiente entre diálogos para que su sarcasmo y humor negro trasciendan. Su falta de conflictos filosóficos en todo el asunto tratado le permite ser sin querer parecer. Pero la sensación que sobra está.



Los demás, se pierden justamente en lo que el guión les entrega. Ni Donnie Yen se salva. Su personaje está tan desperdiciado como exagerado. Nuevamente el conflicto sobre qué hacer con un personaje así. Un ciego con habilidades especiales, pues, no es algo novedoso. Darle el peso filosófico a él es un recurso fácil. Otorgarle una de las frases ícono de la película no termina de darle peso.



Star Wars, piedra de tropiezo
Después de la Trilogía de Precuelas y Episodio VII, no quedó muy claro quién manda en Star Wars. ¿Lucas? ¿fans? ¿geeks? ¿Fox? ¿Disney? ¿crítica? ¿prensa? Si Rogue One es buena por sí misma, es mala por Star Wars.

Se repiten vicios. No solo que los Stormtroopers tienen mala puntería, ni que a pesar de la alta tecnología existente todo se deba resolver de forma casi manual o mecánica, o que deba haber un androide-amigo-mascota involucrado como portagonista. Hay vicios de forma y contenido. Y ahora se suman otros, como la forzosa presentación de los orígenes de los personajes, la obligación a hacer referencias a personajes o situaciones de la trilogía original para que sirvan como trampolin, el uso de esquemas demasiado repetidos (guerras en el espacio que se resuelven con alguien haciendo lo suyo abajo, por ejemplo), más la casi obligación que todo deba encajar en el canon oficial pero que exista cierto margen para que el canón no oficial se filtre también... o sea.

Es evidente que alguien (Lucas o Disney), al ver el corte final original, pidio cambios.

Hay un pecado en el metraje aquí también, como en todas las películas de Star Wars. Siempre sobra algo. Siempre falta algo. La edición falla por momentos, a pesar que la película tiene buen ritmo. Otra vez, el guión tropezando con la historia y haciendo tropezar la película...

En esta, los villanos quedan en deuda.



Si algo, de momento, no se supera de la Trilogía de Precuelas son sus villanos. Incluso Darth Maul, de la peor película de todas, sin diálogos, sin actuar, queda mejor posicionado que Orson Krennic, que tiene más diálogos y una mejor actuación. Porque, anoto: Ben Mendelsohn realiza una actuación muy digna, a pesar del personaje.

Pesa la aparición de Moff Tarkin (un resucitado Peter Cushing) y ni hablar de Darth Vader quien se come la película en dos breves apariciones (creo que todos esperaban su momento en la sala de cine). Ellos, que no deberían ser protagonistas, lo son inevitablemente.





Sin John Williams, pero se vive
Un cambio significativo en la película es la ausencia de John Williams como compositor de la música. Aunque no es una ausencia total, pues su música está allí matizada en algunas escenas. Sin llegar a la grandesa de la música original, ni a la innovación de The Phantom Menace, Michael Giacchino refresca el asunto bastante.

Eliminar el tema de apertura y la intro en letras amarillas perdiendose en el infinito al inicio de la película resulta un shock, pero no por eso malo. De hecho, es atinado.

Por supuesto, faltan los jedis, pues Darth Vader es un sith. Y con su sable de luz roja basta para no contar la ausencia de otros sables como un cambio.

La secuencia inicial, a manera de prólogo sobra. Bellamente filmada, pero mal pensada. Viendo a los encargados del guión, pues... Desde allí asoma la novatada de Gareth y se pone muy en evidencia. La forma tonta en que se presentan los villanos como dando tiempo de escape, pues...

No basta con lograr tomas bellas con escenarios bellos al fondo. Eso no es dirigir, eso toca al encargado de la cinematografía, y, con Greig Fraser se preveía algo decente. Gareth se limitó a filmar el guión del encargo, y creo que ya escribí bastante sobre el guión.

No es mala, pero...

Es evidente que todo spin-off de Star Wars tendrá Rogue One como referente para lo bueno y para lo malo. Es más, por ser el primero, las consideraciones serán mayores a las críticas. También es evidente el conflicto creativo que hay entre George Lucas, Disney y todos los demás.

Aquí se nota.

Me sabe mal el material desperdiciado. La oportunidad única con este spin-off de hacer realmente algo diferente se fue. Ese es el pero.

Rogue One es entretenida. Tiene momentos cinematográficos buenos. Felicity Jones siempre es un placer en pantalla. Más nada.

Se puede repetir, pero ¿celebrar? no.


Paz.


* Línea de diálogo que apareció en el teaser trailer pero desapareció en la película

10.3.16

La manzana del rabino

Si tu n'aimes pas la prison, ne commets pas de crimes.


El relato a continuación está inspirado en una parashá que leí ayer. El comentario final, al citar la historia como un chiste, fue: este concepto tiene infinitas aplicaciones en la vida diaria.

No encontré referencias del chiste. La mención tenía otra intención en la parashá.

El cuento va así:

Cierto respetable rabino se sentía bastante molesto porque nunca había probado la carne de cerdo por no ser kósher, en otras palabras, por ser inmunda. 

Tal sentimiento estaba frustrandolo, así que ideó un plan: viajar a la isla remota más olvidada del planeta donde nadie le conocía y comer cerdo tranquilamente.

Y así lo hizo.

Al llegar a la isla, inmediatamente reservó una mesa en el restaurante más fino y pidió que le sirvieran el plato más caro y exquisito de cerdo que tuvieran en el menú.

Mientras esperaba ansiosamente su plato, escucha que alguien lo llama por su nombre desde un ricón del restaurante. 

Al voltear, descubre que diez de sus feligreses más devotos están allí también. 

Justo cuando éstos se acercan a saludarlo, llega el mesero con una bandeja de plata gigante con un cerdo asado entero con una manzana en el hocico.

El rabino, nervioso, mira tímidamente a sus congregantes y exclama:
¡Guau! ¡Pides una manzana en este lugar y mira cómo la sirven!

El chiste original no tiene título. Lo titulé como está escrito, pero pudo ser "El rabino que quería comer cerdo", u otro parecido, pero decidí dejar el que está adrede, como la frase en francés.

Por cierto, ¡reírse es kósher!,
como dice el dúo Tajer-Sacroisky.

¡No chupes los huesos!, pensé al leer el chiste, pues recordé el relato donde un soldado judío pregunta a su rabino qué debe hacer si es capturado por el enemigo y en prisión solo sirven cerdo como comida. ¡Eso o morir de hambre! El rabino responde que en ese caso puede comer carne de cerdo, pero no debe disfrutarla, ¡no debes chupar los huesos!

Pensé en las múltiples interpretaciones del relato. Hice un ejercicio de conclusiones basado en preguntas como ¿qué molestaba realmente al rabino? si no había probado nunca cerdo, no podía saber si le gustaba o no, o si era mejor o peor que la carne de res u otros alimento. ¿Qué hacían allí sus feligreses? ¿Le seguían? Si le seguían, ¿con qué intención lo hacían? ¿Imitarlo? ¿buscar ocasión contra él? ¿desconfianza? Luego, ¿por qué van a saludarlo? ¿cordialidad? ¿culpa propia? ¿invadir la privacidad? ¿acercarce para juzgar mejor? ¿tenían el mismo enfado del rabino? ¿habían tenido el mismo plan, la misma idea? ¿llegaron juntos o separados? Si eran tantos, ¿por qué no los vio el rabino? Y así...

La respuesta del rabino es ingeniosa. No niega que el pedido es suyo. Es más, lo acepta; pero evita asumir que realmente ordenó el cerdo para comerlo.

A todo esto, ¿por qué pedir el más caro? ¿No bastaba una chuleta?

No pude evitar pensar en esta imagen:


E imaginé al cerdo salir volando de esa situación tan embarazosa. ¡Ja!

La frase en francés que escribí al inicio dice si no soportas la condena, no cometas el delito.

Tengo mi conclusión al relato del chiste. 
¡Usted también!

Hay aspectos muy profundos en el relato, pero están implícitos. Lo evidente, pues, esvidente es. Sin embargo, la historia es más que una anécdota o moraleja de aspecto religioso. En el relato auxiliar, hay un hombre que no quiere comer cerdo y considera la posibilidad de morir de hambre antes de probarlo, pero su rabino le guía. El rabino del chiste desea probar la carne de cerdo, ¡quizá hasta chupar los huesos!

En ambas historias hay dos prisioneros. Uno, prisionero de otros; obligado. El otro, voluntario; pero prisionero de otros también. ¿No es porque los otros se acercan que se desliga del cerdo?

Quizá TODOS estaban allí por las misma razón que el rabino, pero es más fácil juzgarle a él, condenarle y, si pudieran, ¡apedrearle!

No buscaba salvar su vida. Renegaba de algo impuesto. Estaba enfadado por algo que no podía disfrutar, o tener la libertad de rechazarle después de probar. Hay frustración en su acción. Es prisionero de las palabras que repite y enseña, pero no quiere salir de la prisión con ese bocado, ¡no!

¿Y si culpamos al mesero? ¿Por qué no?
Quizá conocía al rabino (o a los feligreses) y le odiaba. O simplemente quizó poner a todos en evidencia. ¡touché! ¡jaque mate! 

Igual podríamos culpar al cerdo.

Por eso el relato me parece tan genial, pues admite muchas interpretaciones y discusiones. Y a mi, que me da por ver más allá de lo evidente, me da gusto compartir el tal con mis lectores. Por cierto, no crea quien ha leído hasta estas líneas que mi conclusión está escrita.

Paz a todos.



27.2.16

Cuatro de ocho: Mad Max, The Martian, The Revenant y Spotlight.

(O por qué George Miller fue el mejor dirigiendo)


Me picó el desgano. De las nominadas a mejor película, solo he visto Mad Max: Fury Road, The Martian, The Revenant y Spotlight, justo en ese orden. No veré más antes del domingo, ni repasaré mi favorita antes de la ceremonia, como acostumbro.


Como siempre, no me gusta el reparto de nominaciones. La caprichosa consideración de los miembros de la Academia incluye autopromoción, compadrismo, narcisismo, pago de favores, recuperación de inversión e incluso 'convivencia'.

Anote: si llena bien el formulario, su película puede salir estampada de nominaciones. Algunas se incluyen desde que se firman los contratos. "Firmo si empujas mi nominación", por ejemplo. O, "Siempre podemos empujar su nominación para recuperar dinero".

Los Oscar, como cashback.

The Revenant es favorita. Ya ganó la mayoría de premios esta temporada, como película, director y actor. Sin embargo, apuesto por Spotlight como mejor película. En esa categoría votan todos los miembros de la Academia por igual.

Me gustó The Revenant, pero no le considero obra maestra. No creo todas las historias del rodaje. Bien filmada. Quizá estéticamente mejor filmada de las cuatro que he visto. Bien editada, con una fotografía muy cuidada, preciosista.

Alejandro imita, casi calca, a Andréi Tarkovsky en encuadre, movimiento y edición. Por eso su película parece 'tan' buena. El visto bueno casi unánime de directores y críticos se debe a que, al filmar como Tarkovsky, The Revenant sabe a otra cosa. 

Hay trampa, truco. Imitar no siempre es homenajear. Cuando calcas, copias; cerca está el plagio. 

Imitar la técnica es una cosa, incluso calcar escenas es válido como guiño, pero llenar de escenas calcadas una película es abusivo. La intención queda en duda y, para mi, The Revenant parece buena (o es) porque Alejandro supo calcar a Tarkovsky. Hay escenas propias de El Negro, incluso de auto referencia (Birdman, Biutiful). Se nota paciencia y planeación en su tabajo. Mucho ensayo coreográfico antes de rodar. La escena del ataque de la osa es muy convincente, pero, hay efectos especiales...

Spotlight, en cambio, imita sin calcar abusivamente. Imposible no referir y comparar con All the president's men, de Alan Pakula. Es casi de manual ver esa película al arrancar una filmación parecida.

Thomas McCarthy asume eso, sin complejos. Ciertos criticos ven debilidad en ese punto. Yo veo humildad y honestidad. Si vas a hacer algo, usa un método convincente, pero respeta la distancia. Spotlight honra a All the president´s men.

Me gustó que se centre en la investigación sin adornarse de discursos ni distraerse en el drama forzado. Tampoco busca usar el gesto documental. Nada de eso necesario.

Algo eleva la película a otro nivel es la forma de aprovechar sus actores sin poner peso en nadie en particular. Cada intervención de los actores es un paso a paso en la historia, como en una carrera de relevos. Si uno falla, fallan todos. Un reparto coral con gran química en la pantalla. McCarthy maneja bien a los actores, que demuestran talento en cada intervención.


No hay efectos especiales en Spotlight. Tampoco metáforas visuales ni pretenciones cinematográficas. No hay trucos, ni polémicas gratuitas. Su historia es conocida, por lo tanto la trama no contiene giros. A pesar de eso, el guión logra mantener el interés y avivarlo escena por escena.

Seguro que Spotlight fue vista por más miembros de la Academia que The Revenant, a la que vieron más directores y fotografos (cinematografía). Eso pesará en la votación final.  Spotlight no es una película fácil, por tema, pero McCarthy acertó al filmar como en los 70s, usando la mejor referencia: All the president's men.

El Negro filma con talento, no hay duda; pero peca de cierta pretensión. McCarthy evita impresionar. Su dirección es más sutil, pero no menos digna.

Sin embargo, George Miller.

Mad Max: Fury Road sorprendio a todos. Público, críticos, prensa e industria. Nadie esperaba eso. Hubo mucho prejuicio previo a su estreno. Un reboot de Mad Max no provocaba gracia. Hasta se esperó lo peor.

Está claro Mad Max 2, fue-es-será lo mejor de la saga del Guerrero de la Carretera. George lo sabe mejor que nadie, por eso evitó imitarse a si mismo. Nada de autocomplacencia. Nada de verse al espejo.

Caso raro.

Miller, de setenta,  filma con adrenalina de un joven. El ritmo casi enloquecedor de su película no parece de su factura. La cámara filma con furia, casi de forma viseral. Mad Max es un paréntesis dentro de las nominadas.

Su director gana rodando, pues a pesar que hay efectos visuales, las mayoría de tomas fueron hechas corriendo en el desierto, tomas reales, pues. Muchas tomas. Muchas, muchas, muchas tomas. El ritmo alocado no se cae en la mesa de edición sino que se potencia, logrando un lenguaje cinético sin igual. Una película con gran sentido cinematográfico, muy bien fotografiada (John Seale, El Paciente Inglés).

Lo que parecería broma en otra película en esta se muestra como una genialidad. Miller da clases.

Si hay que imitar, que sea como guiño o referencia. Así, cuando un auto aparece con un guitarrista punk con amplificadores a todo volumen a su espalda, tocando la guitarra como un loco, el recuerdo de los helicopteros con parlantes a todo volumen mientras suena La Cabalgata de las Valquirias en Apocalypse Now es inmediato.

https://www.youtube.com/watch?v=1DcqnkzGEFQ

Miller sabe. Miller filma como un rayo. Autos reales, motos reales, escenarios reales. Miller sorprende a todos porque su dirección es superior. Nadie mejor que él en esta categoría. Hablando estrictamente de dirección, pues. No le ayuda el producto, pensado como un blockbuster, pero, a pesar de, su película fue de lo mejor de 2015.

The Martian, a parte, es la más amigable de las películas nominadas como mejor del año. Ridley Scott, un viejo conocido de la Academia, da una patada en el culo a quién sea cuando filma. Sea el género que sea. Comete pocos errores, mínimos. Eso sí, Ridley siempre tiene apoyo financiero. Con un buen presupuesto, cometer errores es pecado.

The Martian es simpática. Cine sin más pretención que ser un espectáculo digno de verse. Y lo es. Lo opuesto a Interestelar de C. Nolan.

Matt Damon pesa mucho en el éxito de la película, y casi sin actuar. Matt siendo Matt. Su personaje simpatiza con todos de inmediato, por eso nos enganchamos a la historia.


Guión preciso. Ritmo adecuado. Nada fuera de lo que hace Ridley. Buena película, hasta para repetir; pero sin posibilidades.

En terminos de actuación, muchos elogian a Eddie Reymayne, por La Chica Danesa, pero a mi no me convense. Con maquillaje y vestido adecuado, cualquier actor hace algo similar. De los que vi (Eddie, Matt y Leo), Di Caprio sobresale. 

Su actuación, casi sin diálogo, convence. Igual pienso que cualquier otro actor hubiera hecho algo similar o superior.


El maquillaje ayuda.

Tom Hardy sí debe ser premiado. Su actuación revela un villano sin igual. Su monólogo expone su personaje con una frialdad tal que hasta parece justificar su comportamiento.


Tom debe ganar su premio, ya Stallone festejo lo justo por Creed.  Aunque verlo recibiendo su premio sería un detallazo. Todos de pie, seguro; pero dudo que pase.

Cuatro de ocho.

No puedo opinar más. Es la primera vez que no veo al menos una de las películas nominadas como mejor película extranjera. También me reservé comentar en post individuales las películas mencionadas. El desgano es así.

Doy por ganadora final a Spotlight. Lo que pase antes de eso me da igual. Mis votos para Miller y Hardy. Aunque la cosa no salga así. De las chicas no opino esta vez.

El hijo de Saúl está encargada para ver, pero será después de la premiación. Post seguro.

Hasta entonces.

Paz.

29.1.16

El café que salvó a John Dunbar

La batalla está casi perdida. John Dunbar ha sido herido. Sangra. El dolor casi le somete al desmayo. Tendido sobre una camilla alcanza a escuchar que van a cortarle una pierna, pero antes, los doctores van por un café. 

John no está de acuerdo. No quiere perder su pierna. Con mucho esfuerzo, se pone su bota y se levanta. Camina con dolor hacia el frente de batalla sin tener cuidado de los disparos del enemigo. Hay resignación en sus pensamientos.

Como gestor de su propio destino, monta un caballo y se lanza a la línea enemiga, solo, sin armas. Sin embargo, su primer intento suicida falla. El enemigo estaba distraído.

En su segundo intento, alza sus manos al cielo, luego de pedir perdón al cielo.


Es 1991.

Estoy en el cine viendo como John Dunbar falla en su intento de suicidio. Para no perder su pierna, intenta entregar su vida. Irónicamente, buscando su muerte, salva su pierna y se convierte en héroe.

Tenía once años cuando vi Danza con lobos por primera vez. Y fue a tiempo.

Hoy recordé esa escena mientras tomaba un café. Recordé que fue un café el que salvó la vida de ese soldado herido. Un café antes de amputar su pie. Mi recuerdo fue tal como en ese día en el cine, cuando experimente esa catarsis frente al momento de John Dunbar.

Tenía mis ojos inundados de esa imagen liberadora, cuando ese hombre se entrega al destino con los brazos abiertos. Pude sentir el mismo escalofrío de la primera vez. El mismo que recorre mi cuerpo y alma cada vez que veo la escena.

Pensé en ese café...

Un aparente descuido, desgano o negligencia en la enfermería del campo de batalla, termino salvando a John Dunbar. Ese pequeño antojo repentino marcó diferencia. Un break. Aquí en mi país, un sagrado vicio.

Hice cuentas. Era mi cuarto café del día. "Cuatro vidas", pensé. Cuatro John Dunbar. Cuatro héroes...

No tomo mucho café. Dos tazas es mi limite diario. No siempre, pues he pasado periodos largos sin beberlo. Meses incluso. Hoy, el cuarto café me hizo pensar algunas cosas.

No entiendo a los suicidas. Quizá simpatizo con John Dunbar porque todo quedó en un mal intento de suicidio, con desenlace inesperado. Una lección de que buscar la muerte como fin puede no ser la solución adecuada.

Entonces recorde a todos los conocidos que me han confesado desear la muerte. Sea por no encontrar solución a su problemas, por sufrir una decepción enorme, por no encontrar sentido a la vida, por soledad, por cargar secretos vergonzosos, por no perdonar a otros o a sí mismos, por haber perdido seres amados o posesiones irrecuperables, por haber sufrido abuso y violaciones continuas... Llevan un dolor tan grande y profundo en sus almas que piensan que solo la muerte puede aliviarles.

Yo siempre digo NO.

John Dunbar era un soldado. Sabía que la muerte estaba alli, enfrente, cargando sus balas y apuntandole. La muerte, en cierta forma, era su deber. Morir en combate por defender su causa. Ofrendar su vida por la patria, por sus compañeros, por honor... Enfrentaba a diario a la muerte.

Sin embargo, en su intento de suicidio, John busca la muerte en otra forma. Sabe que vivo perderá su pierna. Es más, es posible que cortarla fuera la única forma de salvar su vida. Pero él busca la muerte para no perder su pierna, para no vivir con esa perdida, para no sentirse derrotado, pues aunque su bando ganara la batalla, sin pierna, él habría sido derrotado.

Orgullo propio. 

"Perdoname, padre", dice. Y luego, se lanza a los brazos de la muerte. 


Su acto termina siendo inspiración.

Pero el café...

Muchos cafés han salvado vidas. John Dunbar lo prueba. 

Esa pausa. Ese esperar un momento. Esa forma de dejar de hacer algo. Detenerse un momento antes de amputar, antes de cortar lo que parece que no tiene rescate. No porque no exista salvación sino por la prisa, el impulso o las circunstancias. A veces por el mismo bloqueo que produce el cansancio o la fatiga. Parar, aunque lo que está enfrente parece inservible, irreversible.

Cortar un poco, para salvar el resto. Amputar lo inservible, para rescatar todo lo demás. 

John Dunbar tuvo su chance, como el marino que aprovecha el viento a favor, o como cuando El Principito aprovechó la migración de una bandada de pájaros para escapar. Tomó su oportunidad, pero con una mala idea. Muy mala idea. Buscó su muerte, pues se sentía derrotado. Que la cosa saliera al revés y resultara paradójica solo admite disculpa por simpatía. Además, todo inicia porque sus doctores deciden ir por un café.

El destino. Un café. La pausa. La salvación.

John Dunbar encuentra doble redención en la película. Aprende grandes lecciones, como que la vida no es solo lo que pensamos o queremos. Hay más. Hay formas nuevas de renacer, a pesar de. Aprende que somos un colectivo de circunstancias no deseadas. Todos de alguna forma somos una especie de accidente universal, pero, aún así, con propósito.

Al final, John no perdió la batalla, ni su pierna, ni su vida; pero si perdió la idea esa que todo está acabado solo porque él piensa que es así.

Claro que no estaría escribiendo esto de él si esos doctores no hubieran decidido hacer una pausa para tomarse un café.

El café que salvó a John Dunbar.



17.12.15

Star Wars. Amor y odio.


Debo iniciar anotando que para muchos conocidos soy un fan de Star Wars, pero eso se debe a que esos conocidos nunca se han topado con un verdadero fan de Star Wars.

Gusto mucho de Star Wars, sobre todo, de la trilogía original —la única—, de la que considero El Imperio Contraataca la mejor.  Star Wars (Ep. IV) está en segundo lugar de mis consideraciones, y estoy obligado también a dejar constancia que El Imperio Contraataca no sería la mejor sin el Episodio IV. Una complementa a la otra en calidad, saliendo vencedora El Imperio Contraataca.

El Regreso del Jedi es tercer lugar. A las precuelas no me gusta calificarlas. Están, y con eso basta. 

En unas horas se estrenará el Episodio VII en mi país, y quiero dejar algunas anotaciones en el blog.

Sea, pues:

La Guerra de las Galaxias

Nací dos años después del estreno de Star Wars. La vi por primera vez en televisión, en una franja infantil llamada "Gente Chica" que tres canales transmitían simultaneamente por las mañanas cuando el año escolar terminaba. 

Tenía unos siete años y nuestro TV era blanco y negro.

Difícilmente, en aquellos días, se encontraría un niño que no le gustara La Guerra de las Galaxias, en español, porque así la conocí. Incluso ver un par de fotogramas de la película en un View-Master era alucinante.

La Guerra de las Galaxia y su Arturito*, era lo más.


Un par de años más tarde, mi papá usaba unos boletos de cortesía para llevarnos a ver El Regreso del Jedi. La condición de siempre aplicaba: no vayan a pedirme golosinas.

Así, de golpe, frente a la gran pantalla, me enteré que había otra Guerra de las Galaxias. No otra, sino la misma, pero otra. Y que ibamos a ver dos películas nuevas —para nosotros— de La Guerra de las Galaxias. 

Sí, nos habíamos saltado El Imperio Contraataca.

Gracias a las funciones dobles de los cines nos pusimos al día. ¡Y de qué forma!

Estabamos allí, en la oscuridad, viendo como Han Solo era atrapado en carbonita y luego como Vader le corta la mano a Luke para confesarle que ¡es su padre! ¡su padre! 

Menos mal que no tuvimos que esperar días —o años— para conocer como terminaba la cosa. Con El Regreso del Jedi las dudas se acababan. O al menos eso pensamos.

Star Wars regresa

1997. Ahora sí, mayor de edad y con dinero propio, vi los re-estrenos de Star Wars en el cine. Casi fan, no puedo negarlo, pues había cierta emoción en acudir a la salas a ver, otra vez, Star Wars.

¡Nuevas escenas! ¡retoques digitales!

... para mal.

Ya para esos días comenzaba a fijarse en mi esa idea que hoy es roca: las ediciones especiales casi siempre son un asco. Son pocas las películas que pueden salvarse de una edición especial o del corte del director. Muy pocas. 

Lucas no puede presumir que Star Wars, El Imperio Contraataca y El Retorno del Jedi estén entre esas pocas.

Un año más tarde, un avance revelaba la verdadera intención de las nuevas ediciones: una nueva película de Star Wars: La Amenaza Fantasma.

Cada generación tiene una leyenda...

Cada viaje tiene un primer paso. Cada saga tiene un comienzo. Con esas tres líneas Lucas puso como locos a todos los fan de Star Wars, y a mi.

La música del maestro John Williams y un par de escenas fueron suficientes para generar una gran expectativa. Además, se colocó un poster en las salas de cine que potenció esa expectación.



Dos cosas recuerdo bien del estreno: estar rodeado de muchos niños en la fila de espera y la gran ovación que se hizo cuando apareció el logo de Star Wars acompañado del tema musical de la saga.

¡Parecía que se había anotado un gol en una final de fútbol!

Un par de años después, La Guerra de los Clones, y, para bien o para mal, La Venganza de los Sith. El fin.

Lucas estaba dando por cerrado el tema Star Wars, al menos en el cine.

La televisión, sin embargo, fue invadida por una serie llamada Star Wars: Guerras Clónicas, que daba pie a La Venganza de los Sith, incluso, una película animada fue estrenada en 2008.

Star Wars: The Clone Wars fue, a mi gusto, innecesaria.

El Lado Oscuro de Star Wars

Cinematografiamente, Lucas es un Sith. Su Star Wars (1977) gustó a público general, crítica especializada, teoricos y colegas. Si bien nunca fue pensada como cine arte, hay en ella mucha influencia del buen cine grandes cineastas. Uno particularmente está muy presente: Akira Kurosawa.

Tecnicamente y visualmente Star Wars (episodio IV) sobresalió. Hay en ella muchas referencias de grandes películas, destacando La fortaleza escondida (A. Kurosawa), El triunfo de la voluntad (L. Riefenstahl), Metrópolis (F. Lang), Lawrence de Arabia (D. Lean), 2001:Una odisea odisea del espacio (S. Kubrick) y Centauros del desierto (J. Ford), entre otras.

Si las referencias están, es porque Lucas conocía las películas, las había visto, era un fan de las mismas. Muchas de ellas no son ni mencionadas en la categoría de entretenimiento, pues van más allá de ello. Todas ella son arte. Cine arte. Además, como estudiante de cine, debió ver muchas de esas películas por algo más que solo placer. Tareas, pues.

Sus dos primeras películas —sobre todo la segunda, American Graffiti— ponían a Lucas en posición de promesa cinematográfica. Con el visto bueno de prensa especializada, colegas, críticos y teóricos, ya solo le faltaba el público, las multitudes, y así, lograr crédito en la industria del cine. Y Star Wars le dio eso.

El éxito de Star Wars le garantizó dinero. 
Y el dinero hecho a perder a Lucas.
Lucas, el cineasta, se perdió después de Star Wars (1977).

No es casualidad que la mejor película de Star Wars sea El Imperio Contraataca, dirigida por Irvin Kershner, maestro y mentor —que no es lo mismo— de Lucas en las artes cinematográficas, que fue elegido por Lucas por "saber todo lo que un director debe saber de Hollywood, pero sin ser Hollywood".

Irvin, pues, fue Yoda para Lucas.

Lucas no volvería a dirigir ninguna otra película, hasta las precuelas de Star Wars, donde Lucas siendo dictador, mostró debilidad, y, a próposito o no, se dejo seducir por el dinero y el éxito.

Anakin, piedra de tropiezo

Dinero y mentiras. Esas dos palabras definen el inicio de la decadencia de Lucas como cineasta. Dinero en abundancia y mentiras baratas.

No hay evidencia documental que sustente la afirmación de Lucas que los supuestos nueve episodios de la saga estaban presentes como un todo en el borrador inicial del guión. Además, niega que Dark Vader esté inspirado en el personaje El Relámpago de The Devil Fighting Dogs (1938), diciendo que se basó en las armaduras samuráis.

 
Usa su conocimiento, para nublar el desconocimiento.

La idea de redimir a Anakin y convertirlo en el mesías de Star Wars lo hizo tropezar tanto que luego no se dio cuenta de los golpes. Incluso, el origen de Anakin y su afinidad con la fuerza lo puso en evidencia.

Lucas quería quedar bien con todos, incluídos los que piensan que Star Wars es una religión. Los fans, hambrientos de autosatisfacción, presionaron de tal forma que Lucas incluso incluyó diálogos en las precuelas que daban el visto bueno a juegos, comics y al universo expandido de Star Wars.

Pero, si quieres complacer a todos, terminarás complaciendo a nadie.

Desde la elección del protagonista hasta la forma en que se transforma al lado oscuro. Todos tomaron piedras para lanzarselas a Lucas quien se tomo muy a la ligera la dirección de esas tres precuelas.

Aquí, en este punto, debo anotar que justamente por eso El Imperio Contraataca es la mejor de toda la saga hasta ahora (en unas horas se estrena el Episodio VII), porque hizo todo lo opuesto a lo que se esperaba. Incluso, como ya mencioné, alejarse de la silla del director era algo que no se esperaba. Su amigo, Francis Ford Coppola dirigio la secuela de El Padrino, convirtiendola para muchos en la mejor de la trilogía. Era lo que se esperaba de Lucas. Sin embargo, algo sabía. Conocía su debilidad.

Antes de las precuelas, no hay mucho que ver de Lucas, y en lo poco que hay, se nota mucho que no es un director de actores. Jamás hubiera sacado una mirada tan convincente de Leia como lo hizo Irvin, cuando dice te amo a Han. Y el beso. De los mejores besos en el cine.


Tal dramatismo no existe en ninguna de las tres pecuelas. Solo Ian McDiarmid, como Palpatine, logra cierto dramatismo gestual. Y Ewan McGregor apenas se salva por simpatía. 

¿Qué más podían hacer? ¿Qué más se podía hacer?

Su Anakin no honra a su Dark Vader. No hay contrapeso. ¿El mejor Jedi jamás nacido? ¿El elegido? Pues no sé, a mi no me lo parece... pero Lucas es su creador, y no queda más que ver su obra.

Dios, George Lucas y Star Wars**

Si Lucas creo el universo Star Wars, pues es su dios. Y ese dios puede hacer lo que se le venga en gana con su obra. Anoto esto en defensa de él.

Si quiere un Jar Jar Binks en todas su películas, pues que vaya y haga las ediciones que quiera de ellas. ¿Por qué un fan debe decirle qué hacer? ¿Por qué un consumidor equis se atreve a pretendr que sabe más que el creador de de ese universo?

Nadie. Nadie. Absolutamente nadie puso fe en su obra inicial. Incluso los estudios le dieron la espalda guardandose las espaldas ellos mismo, y ahora saben más ellos que el propio Lucas... los fans no contentos con ese dios que les creo Star Wars le escupen a diario obsenidades por todos los medios, y muchos, respecto del Episodio VII hablan de J. J. Abrahams como si fuera él el creador de Star Wars.

Yo pude haber escrito una mejor línea histórica de las precuelas. Darle un origen a Anakin menos mesiánico. No poner a los Jedis como detectives o SWAT de la galaxia sino como una orden de caballeros más mítica y menos de "asuntos Jedi". Hubiera dado un salto mayor entre las tres películas. Incluso, la relación Anakin-Padme la hubiera dibujado en otra dirección. La princesa prometida y Willow demostraron que no se necesita de dos horas para enamorar hasta la muerte a dos personajes. Igual, si Anakin iba a ser el malo, pues, iba a ser el malo, no una víctima de las circunstancias.

La edad de Anakin al convertirse al lado oscuro no cuadra con el Anakin-Vader de El Regreso del Jedi. Lo hubiera hecho un tipo pasado los treinta años. Y Padme hubiea sido menor que él.

Además, hubiera puesto a su romance un tono elevado de lo prohibido al hacer que Padme estuviera comprometida ya a otro principe monarca, no porque los Jedis sean célibes. Es más, hubiera dejado eso a libre elección. Si un Jedi quiere coger, pues que lo haga. Y así.

Para compensar en contrapeso el YO SOY TU PADRE, hubiera escrito una situación en la que Anakin desconoce que Padme está embarazada de él, y al sentirse totalmente traicionado pierde la cabeza. Y en una escena final, antes de la tercera película, Padme le diría ¡TU ERES EL PADRE! Y sí, hubiera hecho que se supiera que eran gemelos, ¡por favor, estamos con tecnología avanzada! Reconstruyen manos pero ¿no hacen ultrasonografías? ¿La fuerza no ayuda a Vader a reconocer a Leia como su hija? Hubiera corregido eso.

¡Pum!

Así, yo sería mejor que el dios Lucas. Yo hubiera hecho una mejor Star Wars, tal como piensan todos los fans, todos los críticos, todos los ejecutivos, todo...

Ingratos.
Todos.

De cine, ya nada

Uno de los problemas de las precuelas fue haber sido rodadas en formato digital. Casi en su totalidad en pantalla verde. Por eso la mayoría de diálogos entre los personajes se dan cuando caminan o dan vueltas en círculos en un punto —mal Lucas, mal—.

Mucha de la desorientación de los actores se debe a eso.

Las mejores escenas, casi siempre son las rodadas en exteriores o en decorados tradicionales.  Por eso cuando J.J. anunció que rodaría en 35 mm todos apludimos. Sí, remarcando el error de Lucas.
Es curioso que su triolgía original fuera influenciada por tanta buena película y convirtiera a Star Wars en una gran influencia cultural, pero que cinematograficamente su influencia no hay pasado a más de parodias (Spaceballs, Mel Brooks, 1987), guiños o eventuales tributos en escenas, en su mayoría de corte cómico.

Incluso Padre de Familia, la serie, hizo sus propias parodias.

¿Y el cine? ¿La escuela de cine? ¿Todo lo que una gran película lega a los nuevos cineastas? Pues todo eso quedo en 1977 y 1980, con Star Wars y El Imperio Contraataca. Después, nada.

Por eso mi calificación inicial.

Un despertar, una esperanza

De J.J. solo puedo decir que rescato bien a Star Trek, y que su Lost, a mi, no me gustó. Hay una buena vibra general respecto a que él reiniciara Star Wars.

Veo los trailer y se me eriza la piel. Es extraño. Me cuesta no ver Star Wars. Y más me cuesta no ver sus fallas. Y aún, a pesar de todo lo antes escrito. Estaré haciendo fila por ver una vez más aparecer en pantalla aquel Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia lejana...

Ojalá la cosa salga bien.

Quizá hasta haga un post  comentándola.

Quizá...


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* De niños, la mayoría pecamos con ese error
** Este era el título original del post


24.9.15

Fin y eternidad


En la clínica. Sobre el arco de una puerta hay un televisor de 27". Mientras espero que mencionen mi nombre, veo Los Picapiedras. Es el episodio cuando Pedro crea una pócima que reduce su tamaño. Éste convence a Pablo, su amigo, para ir a la televisión a presentar un show donde Pablo sería un ventrílocuo y Pedro su muñeco. ¡Ja!

Como siempre, todo sale mal. Y como siempre, ¡Yo reí!
¡Esos dos harían reír al mismísimo Capitán Ray Holt!


Curiosamente, Los Picapiedras salieron al aire en septiembre (1960). Y, a pesar que han estado en la televisión por mucho mucho mucho tiempo, realmente se hiceron pocas temporadas (seis). Quizá ese fue el mayor acierto de Hanna-Barbera Productions: ponerle fin a la serie.

Sí. Fin.

Inevitablemente pensé en Los Simpson, la otra serie animada que ha estado por mucho mucho mucho tiempo en la televisión. No les comparo. Yo no admito comparación entre ellas. Sin importar que los amarillos superen a los cavernicolas en cantidad de episodios al aire (574 vs 166, a la fecha), ni la enorme cantidad de audiencia que han tenido los de Springfield (en los 60s a penas habían televisores), ni los Emmys u otros premios incluídos, considero más a Los Picapiedras.


El problema de Los Simpson es no saber llegar a su fin. Sí, otra vez: fin.

La decadencia de los amarillos es evidente. Debieron quedarse en las primeras 6 temporadas.

No saber cuando poner fin algo puede resultar en provocar urgentemente el fin de algo.

Y la siguiente pancarta puede ayudarme en lo que viene:


Zidane supo cuando poner fin a su carrera en el fútbol profesional. Incluso cuando tenía tanto fútbol en sus botines (¡aun lo tiene!). Por ello a Zidane se le añora. Lastima por su incidente en la final contra Italia, pero apartando eso, su final como jugador profesional no fue en el momento deseado, pero si en el momento justo.

Caso contrario a Casillas o Raúl a quienes, a pesar de su leyenda, terminaron hastiando a quienes primero coreaban sus nombres.

El fin incorrecto.

Recuerdo las últimas temporadas de How I Met Your Mother, cuando era evidente que no sabían cómo poner fin a la serie. Y por poco y se pierden en la faena. La temporada final, tristemente, dejo muy tocada a toda la serie. Si bien no pecaron como Friends, no salieron limpios del asunto.

Los Sopranos, Breaking Bad y Seinfeld no pecaron así. SERIES MAYÚSCULAS. 

De las tres, considero este mi final favorito:


Las tres supieron exactamente cuando bajar el telón y poner fin al show, porque en ocasiones el show no debe continuar.

El final, a veces, solo es el inicio de algo. Si Black Black Sabbath no hubiera tenido su fin quizá nunca hubieramos escuchado Crazy Train. Y si RATM y Soundgarden no hubieran tenido fin, nunca hubieramos conocido esta joya:


Y así.

Recientemente, Sábado Gigante llegó a su fin. Y pienso que ya era hora. Un fin que se había tardado tanto, a pesar de la evidente caída de audiencia y el pobre contenido que el programa iba mostrando poco a poco. No es que Don Francisco como tal esté acabado, pero Don Francisco y su Sábado Gigante realmente ya respiraban artificialmente. 

Es más, me atrevo a afirmar que el programa (como Los Simpson) se sostenía más por la nostalgia a sus inicios que a cómo se acercaba su final.



Algunos finales se presienten. Otros se provocan. Están los inesperados. Están los programados. Incluso hay finales que no son tal cosa sino más bien un continuará...

Finales explicados. Finales que dejan a todos contentos. Finales inexplicables. Finales sin plan.

Fin. Fin. Fin.
Todo tiene fin.

También los blogs.

Quizá en 1966 alguien se cansó de Los Picapiedras. Algún ejecutivo pensó "esto no va más" y curiosamente fue lo mejor que pudo suceder.

Por eso seguimos añorándolos, riéndonos de los episodios una y otra vez. Pensando que nunca se fueron a pesar del final.


A veces, sin fin no hay eternidad.

Sea, pues.

5.8.15

1993 fue un buen año

¿Cuál canción te ha marcado más en tu vida?

Con esa pregunta inició una conversación que osciló entre lo absurdo y filosófico. Incluso, en algún momento rozó (en alto o bajo, no sé) lo teológico.

Sos complicado.

Así me acusaba y casi condenaba mi interlocutor por mi falta de simpleza al momento de responder. Por no saber elegir, o por elegir demasiado.

¿Te cuesta elegir?

Sí. Me cuesta. No porque sea difícil decir algo solo porque sí, sino porque realmente ninguna canción en particular me ha marcado, al menos no de la forma en que creo que me dispararon la pregunta. Y eso que fue un disparo al aire, sin querer cazar nada.

O sea: la bala perdida dio en mi pie.

Y la conversación se hizo larga, muy, muy larga...

Terminé eligiendo una canción, de un año específico, para que mi interlocutor quedara satisfecho (me dajara en paz), pero tal conversación me llevó a concluir que hay un año que sí me marcó, y que mucha música que escucho y toco personalmente, es de ese año. Y sí hay una canción por encima de todas, al menos de ese año. El año que da título al post.

1993 fue un buen año. Y sí, admito que ese año me marcó, y su música es evidencia de ello.

Vea, pues, la cosecha del '93.




























El orden no dice nada. Elegí doce, por aquello de seguir un patrón de alguien, pero hay muchas más canciones favoritas de ese año. La canción que elegí para contestar la pregunta a mi interlocultor está en la lista. Y mención especial para No Rain, que me inspiró a escribir el post, pues ayer se lo compartí a mi hija, y hoy lo hemos comentado en la mañana.

Y como siempre hay un doce que luego se hace trece (el que lea, entienda). Como bonus track dejo a Miguel Bosé y su canción poema:


1993.

Paz.