10.3.16

La manzana del rabino

Si tu n'aimes pas la prison, ne commets pas de crimes.


El relato a continuación está inspirado en una parashá que leí ayer. El comentario final, al citar la historia como un chiste, fue: este concepto tiene infinitas aplicaciones en la vida diaria.

No encontré referencias del chiste. La mención tenía otra intención en la parashá.

El cuento va así:

Cierto respetable rabino se sentía bastante molesto porque nunca había probado la carne de cerdo por no ser kósher, en otras palabras, por ser inmunda. 

Tal sentimiento estaba frustrandolo, así que ideó un plan: viajar a la isla remota más olvidada del planeta donde nadie le conocía y comer cerdo tranquilamente.

Y así lo hizo.

Al llegar a la isla, inmediatamente reservó una mesa en el restaurante más fino y pidió que le sirvieran el plato más caro y exquisito de cerdo que tuvieran en el menú.

Mientras esperaba ansiosamente su plato, escucha que alguien lo llama por su nombre desde un ricón del restaurante. 

Al voltear, descubre que diez de sus feligreses más devotos están allí también. 

Justo cuando éstos se acercan a saludarlo, llega el mesero con una bandeja de plata gigante con un cerdo asado entero con una manzana en el hocico.

El rabino, nervioso, mira tímidamente a sus congregantes y exclama:
¡Guau! ¡Pides una manzana en este lugar y mira cómo la sirven!

El chiste original no tiene título. Lo titulé como está escrito, pero pudo ser "El rabino que quería comer cerdo", u otro parecido, pero decidí dejar el que está adrede, como la frase en francés.

Por cierto, ¡reírse es kósher!,
como dice el dúo Tajer-Sacroisky.

¡No chupes los huesos!, pensé al leer el chiste, pues recordé el relato donde un soldado judío pregunta a su rabino qué debe hacer si es capturado por el enemigo y en prisión solo sirven cerdo como comida. ¡Eso o morir de hambre! El rabino responde que en ese caso puede comer carne de cerdo, pero no debe disfrutarla, ¡no debes chupar los huesos!

Pensé en las múltiples interpretaciones del relato. Hice un ejercicio de conclusiones basado en preguntas como ¿qué molestaba realmente al rabino? si no había probado nunca cerdo, no podía saber si le gustaba o no, o si era mejor o peor que la carne de res u otros alimento. ¿Qué hacían allí sus feligreses? ¿Le seguían? Si le seguían, ¿con qué intención lo hacían? ¿Imitarlo? ¿buscar ocasión contra él? ¿desconfianza? Luego, ¿por qué van a saludarlo? ¿cordialidad? ¿culpa propia? ¿invadir la privacidad? ¿acercarce para juzgar mejor? ¿tenían el mismo enfado del rabino? ¿habían tenido el mismo plan, la misma idea? ¿llegaron juntos o separados? Si eran tantos, ¿por qué no los vio el rabino? Y así...

La respuesta del rabino es ingeniosa. No niega que el pedido es suyo. Es más, lo acepta; pero evita asumir que realmente ordenó el cerdo para comerlo.

A todo esto, ¿por qué pedir el más caro? ¿No bastaba una chuleta?

No pude evitar pensar en esta imagen:


E imaginé al cerdo salir volando de esa situación tan embarazosa. ¡Ja!

La frase en francés que escribí al inicio dice si no soportas la condena, no cometas el delito.

Tengo mi conclusión al relato del chiste. 
¡Usted también!

Hay aspectos muy profundos en el relato, pero están implícitos. Lo evidente, pues, esvidente es. Sin embargo, la historia es más que una anécdota o moraleja de aspecto religioso. En el relato auxiliar, hay un hombre que no quiere comer cerdo y considera la posibilidad de morir de hambre antes de probarlo, pero su rabino le guía. El rabino del chiste desea probar la carne de cerdo, ¡quizá hasta chupar los huesos!

En ambas historias hay dos prisioneros. Uno, prisionero de otros; obligado. El otro, voluntario; pero prisionero de otros también. ¿No es porque los otros se acercan que se desliga del cerdo?

Quizá TODOS estaban allí por las misma razón que el rabino, pero es más fácil juzgarle a él, condenarle y, si pudieran, ¡apedrearle!

No buscaba salvar su vida. Renegaba de algo impuesto. Estaba enfadado por algo que no podía disfrutar, o tener la libertad de rechazarle después de probar. Hay frustración en su acción. Es prisionero de las palabras que repite y enseña, pero no quiere salir de la prisión con ese bocado, ¡no!

¿Y si culpamos al mesero? ¿Por qué no?
Quizá conocía al rabino (o a los feligreses) y le odiaba. O simplemente quizó poner a todos en evidencia. ¡touché! ¡jaque mate! 

Igual podríamos culpar al cerdo.

Por eso el relato me parece tan genial, pues admite muchas interpretaciones y discusiones. Y a mi, que me da por ver más allá de lo evidente, me da gusto compartir el tal con mis lectores. Por cierto, no crea quien ha leído hasta estas líneas que mi conclusión está escrita.

Paz a todos.



27.2.16

Cuatro de ocho: Mad Max, The Martian, The Revenant y Spotlight.

(O por qué George Miller fue el mejor dirigiendo)


Me picó el desgano. De las nominadas a mejor película, solo he visto Mad Max: Fury Road, The Martian, The Revenant y Spotlight, justo en ese orden. No veré más antes del domingo, ni repasaré mi favorita antes de la ceremonia, como acostumbro.


Como siempre, no me gusta el reparto de nominaciones. La caprichosa consideración de los miembros de la Academia incluye autopromoción, compadrismo, narcisismo, pago de favores, recuperación de inversión e incluso 'convivencia'.

Anote: si llena bien el formulario, su película puede salir estampada de nominaciones. Algunas se incluyen desde que se firman los contratos. "Firmo si empujas mi nominación", por ejemplo. O, "Siempre podemos empujar su nominación para recuperar dinero".

Los Oscar, como cashback.

The Revenant es favorita. Ya ganó la mayoría de premios esta temporada, como película, director y actor. Sin embargo, apuesto por Spotlight como mejor película. En esa categoría votan todos los miembros de la Academia por igual.

Me gustó The Revenant, pero no le considero obra maestra. No creo todas las historias del rodaje. Bien filmada. Quizá estéticamente mejor filmada de las cuatro que he visto. Bien editada, con una fotografía muy cuidada, preciosista.

Alejandro imita, casi calca, a Andréi Tarkovsky en encuadre, movimiento y edición. Por eso su película parece 'tan' buena. El visto bueno casi unánime de directores y críticos se debe a que, al filmar como Tarkovsky, The Revenant sabe a otra cosa. 

Hay trampa, truco. Imitar no siempre es homenajear. Cuando calcas, copias; cerca está el plagio. 

Imitar la técnica es una cosa, incluso calcar escenas es válido como guiño, pero llenar de escenas calcadas una película es abusivo. La intención queda en duda y, para mi, The Revenant parece buena (o es) porque Alejandro supo calcar a Tarkovsky. Hay escenas propias de El Negro, incluso de auto referencia (Birdman, Biutiful). Se nota paciencia y planeación en su tabajo. Mucho ensayo coreográfico antes de rodar. La escena del ataque de la osa es muy convincente, pero, hay efectos especiales...

Spotlight, en cambio, imita sin calcar abusivamente. Imposible no referir y comparar con All the president's men, de Alan Pakula. Es casi de manual ver esa película al arrancar una filmación parecida.

Thomas McCarthy asume eso, sin complejos. Ciertos criticos ven debilidad en ese punto. Yo veo humildad y honestidad. Si vas a hacer algo, usa un método convincente, pero respeta la distancia. Spotlight honra a All the president´s men.

Me gustó que se centre en la investigación sin adornarse de discursos ni distraerse en el drama forzado. Tampoco busca usar el gesto documental. Nada de eso necesario.

Algo eleva la película a otro nivel es la forma de aprovechar sus actores sin poner peso en nadie en particular. Cada intervención de los actores es un paso a paso en la historia, como en una carrera de relevos. Si uno falla, fallan todos. Un reparto coral con gran química en la pantalla. McCarthy maneja bien a los actores, que demuestran talento en cada intervención.


No hay efectos especiales en Spotlight. Tampoco metáforas visuales ni pretenciones cinematográficas. No hay trucos, ni polémicas gratuitas. Su historia es conocida, por lo tanto la trama no contiene giros. A pesar de eso, el guión logra mantener el interés y avivarlo escena por escena.

Seguro que Spotlight fue vista por más miembros de la Academia que The Revenant, a la que vieron más directores y fotografos (cinematografía). Eso pesará en la votación final.  Spotlight no es una película fácil, por tema, pero McCarthy acertó al filmar como en los 70s, usando la mejor referencia: All the president's men.

El Negro filma con talento, no hay duda; pero peca de cierta pretensión. McCarthy evita impresionar. Su dirección es más sutil, pero no menos digna.

Sin embargo, George Miller.

Mad Max: Fury Road sorprendio a todos. Público, críticos, prensa e industria. Nadie esperaba eso. Hubo mucho prejuicio previo a su estreno. Un reboot de Mad Max no provocaba gracia. Hasta se esperó lo peor.

Está claro Mad Max 2, fue-es-será lo mejor de la saga del Guerrero de la Carretera. George lo sabe mejor que nadie, por eso evitó imitarse a si mismo. Nada de autocomplacencia. Nada de verse al espejo.

Caso raro.

Miller, de setenta,  filma con adrenalina de un joven. El ritmo casi enloquecedor de su película no parece de su factura. La cámara filma con furia, casi de forma viseral. Mad Max es un paréntesis dentro de las nominadas.

Su director gana rodando, pues a pesar que hay efectos visuales, las mayoría de tomas fueron hechas corriendo en el desierto, tomas reales, pues. Muchas tomas. Muchas, muchas, muchas tomas. El ritmo alocado no se cae en la mesa de edición sino que se potencia, logrando un lenguaje cinético sin igual. Una película con gran sentido cinematográfico, muy bien fotografiada (John Seale, El Paciente Inglés).

Lo que parecería broma en otra película en esta se muestra como una genialidad. Miller da clases.

Si hay que imitar, que sea como guiño o referencia. Así, cuando un auto aparece con un guitarrista punk con amplificadores a todo volumen a su espalda, tocando la guitarra como un loco, el recuerdo de los helicopteros con parlantes a todo volumen mientras suena La Cabalgata de las Valquirias en Apocalypse Now es inmediato.

https://www.youtube.com/watch?v=1DcqnkzGEFQ

Miller sabe. Miller filma como un rayo. Autos reales, motos reales, escenarios reales. Miller sorprende a todos porque su dirección es superior. Nadie mejor que él en esta categoría. Hablando estrictamente de dirección, pues. No le ayuda el producto, pensado como un blockbuster, pero, a pesar de, su película fue de lo mejor de 2015.

The Martian, a parte, es la más amigable de las películas nominadas como mejor del año. Ridley Scott, un viejo conocido de la Academia, da una patada en el culo a quién sea cuando filma. Sea el género que sea. Comete pocos errores, mínimos. Eso sí, Ridley siempre tiene apoyo financiero. Con un buen presupuesto, cometer errores es pecado.

The Martian es simpática. Cine sin más pretención que ser un espectáculo digno de verse. Y lo es. Lo opuesto a Interestelar de C. Nolan.

Matt Damon pesa mucho en el éxito de la película, y casi sin actuar. Matt siendo Matt. Su personaje simpatiza con todos de inmediato, por eso nos enganchamos a la historia.


Guión preciso. Ritmo adecuado. Nada fuera de lo que hace Ridley. Buena película, hasta para repetir; pero sin posibilidades.

En terminos de actuación, muchos elogian a Eddie Reymayne, por La Chica Danesa, pero a mi no me convense. Con maquillaje y vestido adecuado, cualquier actor hace algo similar. De los que vi (Eddie, Matt y Leo), Di Caprio sobresale. 

Su actuación, casi sin diálogo, convence. Igual pienso que cualquier otro actor hubiera hecho algo similar o superior.


El maquillaje ayuda.

Tom Hardy sí debe ser premiado. Su actuación revela un villano sin igual. Su monólogo expone su personaje con una frialdad tal que hasta parece justificar su comportamiento.


Tom debe ganar su premio, ya Stallone festejo lo justo por Creed.  Aunque verlo recibiendo su premio sería un detallazo. Todos de pie, seguro; pero dudo que pase.

Cuatro de ocho.

No puedo opinar más. Es la primera vez que no veo al menos una de las películas nominadas como mejor película extranjera. También me reservé comentar en post individuales las películas mencionadas. El desgano es así.

Doy por ganadora final a Spotlight. Lo que pase antes de eso me da igual. Mis votos para Miller y Hardy. Aunque la cosa no salga así. De las chicas no opino esta vez.

El hijo de Saúl está encargada para ver, pero será después de la premiación. Post seguro.

Hasta entonces.

Paz.

29.1.16

El café que salvó a John Dunbar

La batalla está casi perdida. John Dunbar ha sido herido. Sangra. El dolor casi le somete al desmayo. Tendido sobre una camilla alcanza a escuchar que van a cortarle una pierna, pero antes, los doctores van por un café. 

John no está de acuerdo. No quiere perder su pierna. Con mucho esfuerzo, se pone su bota y se levanta. Camina con dolor hacia el frente de batalla sin tener cuidado de los disparos del enemigo. Hay resignación en sus pensamientos.

Como gestor de su propio destino, monta un caballo y se lanza a la línea enemiga, solo, sin armas. Sin embargo, su primer intento suicida falla. El enemigo estaba distraído.

En su segundo intento, alza sus manos al cielo, luego de pedir perdón al cielo.


Es 1991.

Estoy en el cine viendo como John Dunbar falla en su intento de suicidio. Para no perder su pierna, intenta entregar su vida. Irónicamente, buscando su muerte, salva su pierna y se convierte en héroe.

Tenía once años cuando vi Danza con lobos por primera vez. Y fue a tiempo.

Hoy recordé esa escena mientras tomaba un café. Recordé que fue un café el que salvó la vida de ese soldado herido. Un café antes de amputar su pie. Mi recuerdo fue tal como en ese día en el cine, cuando experimente esa catarsis frente al momento de John Dunbar.

Tenía mis ojos inundados de esa imagen liberadora, cuando ese hombre se entrega al destino con los brazos abiertos. Pude sentir el mismo escalofrío de la primera vez. El mismo que recorre mi cuerpo y alma cada vez que veo la escena.

Pensé en ese café...

Un aparente descuido, desgano o negligencia en la enfermería del campo de batalla, termino salvando a John Dunbar. Ese pequeño antojo repentino marcó diferencia. Un break. Aquí en mi país, un sagrado vicio.

Hice cuentas. Era mi cuarto café del día. "Cuatro vidas", pensé. Cuatro John Dunbar. Cuatro héroes...

No tomo mucho café. Dos tazas es mi limite diario. No siempre, pues he pasado periodos largos sin beberlo. Meses incluso. Hoy, el cuarto café me hizo pensar algunas cosas.

No entiendo a los suicidas. Quizá simpatizo con John Dunbar porque todo quedó en un mal intento de suicidio, con desenlace inesperado. Una lección de que buscar la muerte como fin puede no ser la solución adecuada.

Entonces recorde a todos los conocidos que me han confesado desear la muerte. Sea por no encontrar solución a su problemas, por sufrir una decepción enorme, por no encontrar sentido a la vida, por soledad, por cargar secretos vergonzosos, por no perdonar a otros o a sí mismos, por haber perdido seres amados o posesiones irrecuperables, por haber sufrido abuso y violaciones continuas... Llevan un dolor tan grande y profundo en sus almas que piensan que solo la muerte puede aliviarles.

Yo siempre digo NO.

John Dunbar era un soldado. Sabía que la muerte estaba alli, enfrente, cargando sus balas y apuntandole. La muerte, en cierta forma, era su deber. Morir en combate por defender su causa. Ofrendar su vida por la patria, por sus compañeros, por honor... Enfrentaba a diario a la muerte.

Sin embargo, en su intento de suicidio, John busca la muerte en otra forma. Sabe que vivo perderá su pierna. Es más, es posible que cortarla fuera la única forma de salvar su vida. Pero él busca la muerte para no perder su pierna, para no vivir con esa perdida, para no sentirse derrotado, pues aunque su bando ganara la batalla, sin pierna, él habría sido derrotado.

Orgullo propio. 

"Perdoname, padre", dice. Y luego, se lanza a los brazos de la muerte. 


Su acto termina siendo inspiración.

Pero el café...

Muchos cafés han salvado vidas. John Dunbar lo prueba. 

Esa pausa. Ese esperar un momento. Esa forma de dejar de hacer algo. Detenerse un momento antes de amputar, antes de cortar lo que parece que no tiene rescate. No porque no exista salvación sino por la prisa, el impulso o las circunstancias. A veces por el mismo bloqueo que produce el cansancio o la fatiga. Parar, aunque lo que está enfrente parece inservible, irreversible.

Cortar un poco, para salvar el resto. Amputar lo inservible, para rescatar todo lo demás. 

John Dunbar tuvo su chance, como el marino que aprovecha el viento a favor, o como cuando El Principito aprovechó la migración de una bandada de pájaros para escapar. Tomó su oportunidad, pero con una mala idea. Muy mala idea. Buscó su muerte, pues se sentía derrotado. Que la cosa saliera al revés y resultara paradójica solo admite disculpa por simpatía. Además, todo inicia porque sus doctores deciden ir por un café.

El destino. Un café. La pausa. La salvación.

John Dunbar encuentra doble redención en la película. Aprende grandes lecciones, como que la vida no es solo lo que pensamos o queremos. Hay más. Hay formas nuevas de renacer, a pesar de. Aprende que somos un colectivo de circunstancias no deseadas. Todos de alguna forma somos una especie de accidente universal, pero, aún así, con propósito.

Al final, John no perdió la batalla, ni su pierna, ni su vida; pero si perdió la idea esa que todo está acabado solo porque él piensa que es así.

Claro que no estaría escribiendo esto de él si esos doctores no hubieran decidido hacer una pausa para tomarse un café.

El café que salvó a John Dunbar.



17.12.15

Star Wars. Amor y odio.


Debo iniciar anotando que para muchos conocidos soy un fan de Star Wars, pero eso se debe a que esos conocidos nunca se han topado con un verdadero fan de Star Wars.

Gusto mucho de Star Wars, sobre todo, de la trilogía original —la única—, de la que considero El Imperio Contraataca la mejor.  Star Wars (Ep. IV) está en segundo lugar de mis consideraciones, y estoy obligado también a dejar constancia que El Imperio Contraataca no sería la mejor sin el Episodio IV. Una complementa a la otra en calidad, saliendo vencedora El Imperio Contraataca.

El Regreso del Jedi es tercer lugar. A las precuelas no me gusta calificarlas. Están, y con eso basta. 

En unas horas se estrenará el Episodio VII en mi país, y quiero dejar algunas anotaciones en el blog.

Sea, pues:

La Guerra de las Galaxias

Nací dos años después del estreno de Star Wars. La vi por primera vez en televisión, en una franja infantil llamada "Gente Chica" que tres canales transmitían simultaneamente por las mañanas cuando el año escolar terminaba. 

Tenía unos siete años y nuestro TV era blanco y negro.

Difícilmente, en aquellos días, se encontraría un niño que no le gustara La Guerra de las Galaxias, en español, porque así la conocí. Incluso ver un par de fotogramas de la película en un View-Master era alucinante.

La Guerra de las Galaxia y su Arturito*, era lo más.


Un par de años más tarde, mi papá usaba unos boletos de cortesía para llevarnos a ver El Regreso del Jedi. La condición de siempre aplicaba: no vayan a pedirme golosinas.

Así, de golpe, frente a la gran pantalla, me enteré que había otra Guerra de las Galaxias. No otra, sino la misma, pero otra. Y que ibamos a ver dos películas nuevas —para nosotros— de La Guerra de las Galaxias. 

Sí, nos habíamos saltado El Imperio Contraataca.

Gracias a las funciones dobles de los cines nos pusimos al día. ¡Y de qué forma!

Estabamos allí, en la oscuridad, viendo como Han Solo era atrapado en carbonita y luego como Vader le corta la mano a Luke para confesarle que ¡es su padre! ¡su padre! 

Menos mal que no tuvimos que esperar días —o años— para conocer como terminaba la cosa. Con El Regreso del Jedi las dudas se acababan. O al menos eso pensamos.

Star Wars regresa

1997. Ahora sí, mayor de edad y con dinero propio, vi los re-estrenos de Star Wars en el cine. Casi fan, no puedo negarlo, pues había cierta emoción en acudir a la salas a ver, otra vez, Star Wars.

¡Nuevas escenas! ¡retoques digitales!

... para mal.

Ya para esos días comenzaba a fijarse en mi esa idea que hoy es roca: las ediciones especiales casi siempre son un asco. Son pocas las películas que pueden salvarse de una edición especial o del corte del director. Muy pocas. 

Lucas no puede presumir que Star Wars, El Imperio Contraataca y El Retorno del Jedi estén entre esas pocas.

Un año más tarde, un avance revelaba la verdadera intención de las nuevas ediciones: una nueva película de Star Wars: La Amenaza Fantasma.

Cada generación tiene una leyenda...

Cada viaje tiene un primer paso. Cada saga tiene un comienzo. Con esas tres líneas Lucas puso como locos a todos los fan de Star Wars, y a mi.

La música del maestro John Williams y un par de escenas fueron suficientes para generar una gran expectativa. Además, se colocó un poster en las salas de cine que potenció esa expectación.



Dos cosas recuerdo bien del estreno: estar rodeado de muchos niños en la fila de espera y la gran ovación que se hizo cuando apareció el logo de Star Wars acompañado del tema musical de la saga.

¡Parecía que se había anotado un gol en una final de fútbol!

Un par de años después, La Guerra de los Clones, y, para bien o para mal, La Venganza de los Sith. El fin.

Lucas estaba dando por cerrado el tema Star Wars, al menos en el cine.

La televisión, sin embargo, fue invadida por una serie llamada Star Wars: Guerras Clónicas, que daba pie a La Venganza de los Sith, incluso, una película animada fue estrenada en 2008.

Star Wars: The Clone Wars fue, a mi gusto, innecesaria.

El Lado Oscuro de Star Wars

Cinematografiamente, Lucas es un Sith. Su Star Wars (1977) gustó a público general, crítica especializada, teoricos y colegas. Si bien nunca fue pensada como cine arte, hay en ella mucha influencia del buen cine grandes cineastas. Uno particularmente está muy presente: Akira Kurosawa.

Tecnicamente y visualmente Star Wars (episodio IV) sobresalió. Hay en ella muchas referencias de grandes películas, destacando La fortaleza escondida (A. Kurosawa), El triunfo de la voluntad (L. Riefenstahl), Metrópolis (F. Lang), Lawrence de Arabia (D. Lean), 2001:Una odisea odisea del espacio (S. Kubrick) y Centauros del desierto (J. Ford), entre otras.

Si las referencias están, es porque Lucas conocía las películas, las había visto, era un fan de las mismas. Muchas de ellas no son ni mencionadas en la categoría de entretenimiento, pues van más allá de ello. Todas ella son arte. Cine arte. Además, como estudiante de cine, debió ver muchas de esas películas por algo más que solo placer. Tareas, pues.

Sus dos primeras películas —sobre todo la segunda, American Graffiti— ponían a Lucas en posición de promesa cinematográfica. Con el visto bueno de prensa especializada, colegas, críticos y teóricos, ya solo le faltaba el público, las multitudes, y así, lograr crédito en la industria del cine. Y Star Wars le dio eso.

El éxito de Star Wars le garantizó dinero. 
Y el dinero hecho a perder a Lucas.
Lucas, el cineasta, se perdió después de Star Wars (1977).

No es casualidad que la mejor película de Star Wars sea El Imperio Contraataca, dirigida por Irvin Kershner, maestro y mentor —que no es lo mismo— de Lucas en las artes cinematográficas, que fue elegido por Lucas por "saber todo lo que un director debe saber de Hollywood, pero sin ser Hollywood".

Irvin, pues, fue Yoda para Lucas.

Lucas no volvería a dirigir ninguna otra película, hasta las precuelas de Star Wars, donde Lucas siendo dictador, mostró debilidad, y, a próposito o no, se dejo seducir por el dinero y el éxito.

Anakin, piedra de tropiezo

Dinero y mentiras. Esas dos palabras definen el inicio de la decadencia de Lucas como cineasta. Dinero en abundancia y mentiras baratas.

No hay evidencia documental que sustente la afirmación de Lucas que los supuestos nueve episodios de la saga estaban presentes como un todo en el borrador inicial del guión. Además, niega que Dark Vader esté inspirado en el personaje El Relámpago de The Devil Fighting Dogs (1938), diciendo que se basó en las armaduras samuráis.

 
Usa su conocimiento, para nublar el desconocimiento.

La idea de redimir a Anakin y convertirlo en el mesías de Star Wars lo hizo tropezar tanto que luego no se dio cuenta de los golpes. Incluso, el origen de Anakin y su afinidad con la fuerza lo puso en evidencia.

Lucas quería quedar bien con todos, incluídos los que piensan que Star Wars es una religión. Los fans, hambrientos de autosatisfacción, presionaron de tal forma que Lucas incluso incluyó diálogos en las precuelas que daban el visto bueno a juegos, comics y al universo expandido de Star Wars.

Pero, si quieres complacer a todos, terminarás complaciendo a nadie.

Desde la elección del protagonista hasta la forma en que se transforma al lado oscuro. Todos tomaron piedras para lanzarselas a Lucas quien se tomo muy a la ligera la dirección de esas tres precuelas.

Aquí, en este punto, debo anotar que justamente por eso El Imperio Contraataca es la mejor de toda la saga hasta ahora (en unas horas se estrena el Episodio VII), porque hizo todo lo opuesto a lo que se esperaba. Incluso, como ya mencioné, alejarse de la silla del director era algo que no se esperaba. Su amigo, Francis Ford Coppola dirigio la secuela de El Padrino, convirtiendola para muchos en la mejor de la trilogía. Era lo que se esperaba de Lucas. Sin embargo, algo sabía. Conocía su debilidad.

Antes de las precuelas, no hay mucho que ver de Lucas, y en lo poco que hay, se nota mucho que no es un director de actores. Jamás hubiera sacado una mirada tan convincente de Leia como lo hizo Irvin, cuando dice te amo a Han. Y el beso. De los mejores besos en el cine.


Tal dramatismo no existe en ninguna de las tres pecuelas. Solo Ian McDiarmid, como Palpatine, logra cierto dramatismo gestual. Y Ewan McGregor apenas se salva por simpatía. 

¿Qué más podían hacer? ¿Qué más se podía hacer?

Su Anakin no honra a su Dark Vader. No hay contrapeso. ¿El mejor Jedi jamás nacido? ¿El elegido? Pues no sé, a mi no me lo parece... pero Lucas es su creador, y no queda más que ver su obra.

Dios, George Lucas y Star Wars**

Si Lucas creo el universo Star Wars, pues es su dios. Y ese dios puede hacer lo que se le venga en gana con su obra. Anoto esto en defensa de él.

Si quiere un Jar Jar Binks en todas su películas, pues que vaya y haga las ediciones que quiera de ellas. ¿Por qué un fan debe decirle qué hacer? ¿Por qué un consumidor equis se atreve a pretendr que sabe más que el creador de de ese universo?

Nadie. Nadie. Absolutamente nadie puso fe en su obra inicial. Incluso los estudios le dieron la espalda guardandose las espaldas ellos mismo, y ahora saben más ellos que el propio Lucas... los fans no contentos con ese dios que les creo Star Wars le escupen a diario obsenidades por todos los medios, y muchos, respecto del Episodio VII hablan de J. J. Abrahams como si fuera él el creador de Star Wars.

Yo pude haber escrito una mejor línea histórica de las precuelas. Darle un origen a Anakin menos mesiánico. No poner a los Jedis como detectives o SWAT de la galaxia sino como una orden de caballeros más mítica y menos de "asuntos Jedi". Hubiera dado un salto mayor entre las tres películas. Incluso, la relación Anakin-Padme la hubiera dibujado en otra dirección. La princesa prometida y Willow demostraron que no se necesita de dos horas para enamorar hasta la muerte a dos personajes. Igual, si Anakin iba a ser el malo, pues, iba a ser el malo, no una víctima de las circunstancias.

La edad de Anakin al convertirse al lado oscuro no cuadra con el Anakin-Vader de El Regreso del Jedi. Lo hubiera hecho un tipo pasado los treinta años. Y Padme hubiea sido menor que él.

Además, hubiera puesto a su romance un tono elevado de lo prohibido al hacer que Padme estuviera comprometida ya a otro principe monarca, no porque los Jedis sean célibes. Es más, hubiera dejado eso a libre elección. Si un Jedi quiere coger, pues que lo haga. Y así.

Para compensar en contrapeso el YO SOY TU PADRE, hubiera escrito una situación en la que Anakin desconoce que Padme está embarazada de él, y al sentirse totalmente traicionado pierde la cabeza. Y en una escena final, antes de la tercera película, Padme le diría ¡TU ERES EL PADRE! Y sí, hubiera hecho que se supiera que eran gemelos, ¡por favor, estamos con tecnología avanzada! Reconstruyen manos pero ¿no hacen ultrasonografías? ¿La fuerza no ayuda a Vader a reconocer a Leia como su hija? Hubiera corregido eso.

¡Pum!

Así, yo sería mejor que el dios Lucas. Yo hubiera hecho una mejor Star Wars, tal como piensan todos los fans, todos los críticos, todos los ejecutivos, todo...

Ingratos.
Todos.

De cine, ya nada

Uno de los problemas de las precuelas fue haber sido rodadas en formato digital. Casi en su totalidad en pantalla verde. Por eso la mayoría de diálogos entre los personajes se dan cuando caminan o dan vueltas en círculos en un punto —mal Lucas, mal—.

Mucha de la desorientación de los actores se debe a eso.

Las mejores escenas, casi siempre son las rodadas en exteriores o en decorados tradicionales.  Por eso cuando J.J. anunció que rodaría en 35 mm todos apludimos. Sí, remarcando el error de Lucas.
Es curioso que su triolgía original fuera influenciada por tanta buena película y convirtiera a Star Wars en una gran influencia cultural, pero que cinematograficamente su influencia no hay pasado a más de parodias (Spaceballs, Mel Brooks, 1987), guiños o eventuales tributos en escenas, en su mayoría de corte cómico.

Incluso Padre de Familia, la serie, hizo sus propias parodias.

¿Y el cine? ¿La escuela de cine? ¿Todo lo que una gran película lega a los nuevos cineastas? Pues todo eso quedo en 1977 y 1980, con Star Wars y El Imperio Contraataca. Después, nada.

Por eso mi calificación inicial.

Un despertar, una esperanza

De J.J. solo puedo decir que rescato bien a Star Trek, y que su Lost, a mi, no me gustó. Hay una buena vibra general respecto a que él reiniciara Star Wars.

Veo los trailer y se me eriza la piel. Es extraño. Me cuesta no ver Star Wars. Y más me cuesta no ver sus fallas. Y aún, a pesar de todo lo antes escrito. Estaré haciendo fila por ver una vez más aparecer en pantalla aquel Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia lejana...

Ojalá la cosa salga bien.

Quizá hasta haga un post  comentándola.

Quizá...


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* De niños, la mayoría pecamos con ese error
** Este era el título original del post


24.9.15

Fin y eternidad


En la clínica. Sobre el arco de una puerta hay un televisor de 27". Mientras espero que mencionen mi nombre, veo Los Picapiedras. Es el episodio cuando Pedro crea una pócima que reduce su tamaño. Éste convence a Pablo, su amigo, para ir a la televisión a presentar un show donde Pablo sería un ventrílocuo y Pedro su muñeco. ¡Ja!

Como siempre, todo sale mal. Y como siempre, ¡Yo reí!
¡Esos dos harían reír al mismísimo Capitán Ray Holt!


Curiosamente, Los Picapiedras salieron al aire en septiembre (1960). Y, a pesar que han estado en la televisión por mucho mucho mucho tiempo, realmente se hiceron pocas temporadas (seis). Quizá ese fue el mayor acierto de Hanna-Barbera Productions: ponerle fin a la serie.

Sí. Fin.

Inevitablemente pensé en Los Simpson, la otra serie animada que ha estado por mucho mucho mucho tiempo en la televisión. No les comparo. Yo no admito comparación entre ellas. Sin importar que los amarillos superen a los cavernicolas en cantidad de episodios al aire (574 vs 166, a la fecha), ni la enorme cantidad de audiencia que han tenido los de Springfield (en los 60s a penas habían televisores), ni los Emmys u otros premios incluídos, considero más a Los Picapiedras.


El problema de Los Simpson es no saber llegar a su fin. Sí, otra vez: fin.

La decadencia de los amarillos es evidente. Debieron quedarse en las primeras 6 temporadas.

No saber cuando poner fin algo puede resultar en provocar urgentemente el fin de algo.

Y la siguiente pancarta puede ayudarme en lo que viene:


Zidane supo cuando poner fin a su carrera en el fútbol profesional. Incluso cuando tenía tanto fútbol en sus botines (¡aun lo tiene!). Por ello a Zidane se le añora. Lastima por su incidente en la final contra Italia, pero apartando eso, su final como jugador profesional no fue en el momento deseado, pero si en el momento justo.

Caso contrario a Casillas o Raúl a quienes, a pesar de su leyenda, terminaron hastiando a quienes primero coreaban sus nombres.

El fin incorrecto.

Recuerdo las últimas temporadas de How I Met Your Mother, cuando era evidente que no sabían cómo poner fin a la serie. Y por poco y se pierden en la faena. La temporada final, tristemente, dejo muy tocada a toda la serie. Si bien no pecaron como Friends, no salieron limpios del asunto.

Los Sopranos, Breaking Bad y Seinfeld no pecaron así. SERIES MAYÚSCULAS. 

De las tres, considero este mi final favorito:


Las tres supieron exactamente cuando bajar el telón y poner fin al show, porque en ocasiones el show no debe continuar.

El final, a veces, solo es el inicio de algo. Si Black Black Sabbath no hubiera tenido su fin quizá nunca hubieramos escuchado Crazy Train. Y si RATM y Soundgarden no hubieran tenido fin, nunca hubieramos conocido esta joya:


Y así.

Recientemente, Sábado Gigante llegó a su fin. Y pienso que ya era hora. Un fin que se había tardado tanto, a pesar de la evidente caída de audiencia y el pobre contenido que el programa iba mostrando poco a poco. No es que Don Francisco como tal esté acabado, pero Don Francisco y su Sábado Gigante realmente ya respiraban artificialmente. 

Es más, me atrevo a afirmar que el programa (como Los Simpson) se sostenía más por la nostalgia a sus inicios que a cómo se acercaba su final.



Algunos finales se presienten. Otros se provocan. Están los inesperados. Están los programados. Incluso hay finales que no son tal cosa sino más bien un continuará...

Finales explicados. Finales que dejan a todos contentos. Finales inexplicables. Finales sin plan.

Fin. Fin. Fin.
Todo tiene fin.

También los blogs.

Quizá en 1966 alguien se cansó de Los Picapiedras. Algún ejecutivo pensó "esto no va más" y curiosamente fue lo mejor que pudo suceder.

Por eso seguimos añorándolos, riéndonos de los episodios una y otra vez. Pensando que nunca se fueron a pesar del final.


A veces, sin fin no hay eternidad.

Sea, pues.

5.8.15

1993 fue un buen año

¿Cuál canción te ha marcado más en tu vida?

Con esa pregunta inició una conversación que osciló entre lo absurdo y filosófico. Incluso, en algún momento rozó (en alto o bajo, no sé) lo teológico.

Sos complicado.

Así me acusaba y casi condenaba mi interlocutor por mi falta de simpleza al momento de responder. Por no saber elegir, o por elegir demasiado.

¿Te cuesta elegir?

Sí. Me cuesta. No porque sea difícil decir algo solo porque sí, sino porque realmente ninguna canción en particular me ha marcado, al menos no de la forma en que creo que me dispararon la pregunta. Y eso que fue un disparo al aire, sin querer cazar nada.

O sea: la bala perdida dio en mi pie.

Y la conversación se hizo larga, muy, muy larga...

Terminé eligiendo una canción, de un año específico, para que mi interlocutor quedara satisfecho (me dajara en paz), pero tal conversación me llevó a concluir que hay un año que sí me marcó, y que mucha música que escucho y toco personalmente, es de ese año. Y sí hay una canción por encima de todas, al menos de ese año. El año que da título al post.

1993 fue un buen año. Y sí, admito que ese año me marcó, y su música es evidencia de ello.

Vea, pues, la cosecha del '93.




























El orden no dice nada. Elegí doce, por aquello de seguir un patrón de alguien, pero hay muchas más canciones favoritas de ese año. La canción que elegí para contestar la pregunta a mi interlocultor está en la lista. Y mención especial para No Rain, que me inspiró a escribir el post, pues ayer se lo compartí a mi hija, y hoy lo hemos comentado en la mañana.

Y como siempre hay un doce que luego se hace trece (el que lea, entienda). Como bonus track dejo a Miguel Bosé y su canción poema:


1993.

Paz.


2.6.15

Un dedal, un cumplido y un susurro

(o, cómo decir te quiero sin ocupar esas palabras)


- Llevas puesto el dedal.
- Claro, idiota. Siempre lo he llevado... porque siempre te he querido.



El idiota: Laszlo. 
Quien lleva el dedal: Katherine.



Alguna vez usé un dedal.  Mi abuela me enseñó. Ella remendaba mis calcetines rotos con un dedal en su dedo. Usaba un bombillo también. Lo metía en el calcetín, o lo envolvía con el calcetín. Luego, se ponía el dedal y comenzaba a coser. 

Mi abuela me quería, sin embargo, no recuerdo si alguna vez me lo dijo. 

Hoy cuando mis calcetines se rompen los desecho. Nadie me los remienda. Ni siquiera sé si todavía se pueden conseguir dedales. 

¿Para qué un dedal?
Para decir algo, sin decirlo. 



El dedal de Katherine


Katherine está herida. Pronto morirá. Geoffrey, su esposo, cual kamikaze, estrelló el avión en que viajaban, intentado matar a Laszlo, quien estaba despidiéndoles desde tierra. Había descubierto que ambos le habían traicionado siendo amantes. 

Ella ya no veía a Laszlo. Lo había dejado, sin embargo, aún llevaba puesto ese pequeño dedal que ambos compraron el día que su romance inició.


Ese dedal era un te quiero, puesto justo sobre el Bósforo de Almasy, ese pequeño hueco entre el esternón y las calvículas, al que Laszlo había puesto ese nombre, declarándolo solo suyo.

Ese dedal era un grito silencioso. Un te quiero sin palabras.

Tenía 17 años cuando vi El Paciente Inglés. En ese momento pensé que terminaría buscando un dedal para decir te quiero, pues no me salían muy fácil. Aunque me pensaba más como Laszlo, pues realmente somos parecidos.

Un año después, Melvin Udall me enseñaría otra forma de decir te quiero.


Melvin: Ahora, te voy a dirigir un cumplido excelente... y que es verdad.


Carol: Temo que vayas a decir algo horrible.



Melvin: No seas pesimista. No es tu estilo. Bueno, allá voy. Tengo una... ¿que? Indisposición. Mi doctor, un psiquiatra con el que iba todo el tiempo... dice que en un cincuenta o sesenta por ciento de los casos una pastilla ayuda mucho. Yo odio las pastillas. Son peligrosas las pastillas. Estoy usando la palabra “odio” acerca de las pastillas. Odio. Ahora bien, mi cumplido para ti es que, esa noche... cuando viniste y me dijiste que tú nunca... bueno, tú estuviste ahí, tú sabes lo que dijiste. Bueno, mi cumplido es que... a la mañana siguiente empecé a tomar las pastillas.



Carol: No entiendo cómo eso puede ser un cumplido para mí.



Melvin: Tú me haces querer ser un hombre mejor. 


Tú me haces querer ser un hombre mejor.

Melvin, sin capacidad para expresar un te quiero llano, busca en su interior la mejor manera de decirlo. Un te quiero que revele más que un sentimiento estático. Una manifestación transformadora.

Un querer ser a partir de quien se quiere. 

Solo para dos

Cuando Bob se despide de Charlotte, en Lost in translation, la envuelve en sus brazos y le susurra a su oído algo que para muchos todavía es un misterio.


Luego, la besa.

Allí, en medio de la multitud, nuevamente hay un te quiero implícito. Una metáfora, como el dedal o el cumplido aparentemente sin sentido de Melvin, que nos remarca la idea que los sentimientos son íntimos, algo que salta cualquier traducción o lenguaje. Algo de dos.

El susurro de Bob a Charlotte es practicamente ininteligible, aunque muchos le han dedicado horas y horas a su estudio llegando a concluir que la frase es "tengo que irme pero no voy a dejar que esto se interponga entre nosotros, ¿ok?", que parece tener más sentido que la traducción que se hizo al español: eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo... no pierdas nunca tu sonrisa.

En el audio original, no se escucha ni entiende el sonido que se confunde con el ruido ambiente de la ciudad. Lo que se entiende es que esos dos se quieren, y que sea lo que sea que Bob susurrara al oído de Charlotte, había un gran te quiero dentro de esa frase.


"Te quiero porque te quiero, y no sé si es malo o bueno" 

No se puede soltar un te quiero como se suelta un bostezo. No se puede ir por allí diciendo/escribiendo te quiero como si se dijera buenos días/buenas noches o como saludando por saludar.

Yo no puedo.
Pienso los te quiero como balas de un revolver.

Mi abuela remendó muchos de mis calcetines, incluso sin usar dedal. Ella me quería, lo sé; pero no tengo en mis recuerdos que alguna vez me lo haya dicho.

Ella me quería. Jamás lo dude.

A mi me ha costado siempre decirlo. Una vez tuve que regalar un libro para decirlo. A Titi, mi hija, se lo digo a diario, pero no son las palabras las que cuentan en sí, es ese algo que se desprende de uno cada vez que las dice. Es ese pedazo de alma que uno entrega cuando usa esas ocho letras. Así, cuando a uno se le suelta un te quiero, está dando de su ser.

Y luego está te amo, pero ese es otro post.


Paz.

27.4.15

Dodes ka-den, el casi adiós de Akira Kurosawa


1998. En lugar de ir a mi clase de filosofía, acudo a la proyección del Cine Club Universitario. El título es El camino de la vida, pero eso no me importa. Para mi, lo importante es el nombre del director bajo ese título: Akira Kurosawa.

Mi interés por Akira surge al saber que Ingmar Bergman y Federico Fellini son sus fans. Además, George Lucas afirma sin pena que La fortaleza escondida, película de Akira, inspiró Star Wars.

Así, mi cita con Dodes ka-den (título original), era inevitable. 


Fue la primer película que vi de Akira. Curiosamente, fue su primer película a color. También pudo ser su última película. Por lo que, para mi, ésta es una de las películas más personales e importantes de su carrera.

1970. Dodes ka-den se estrena en Japón. Nadie la entiende. Fracasa en taquilla. Sucede lo inimaginable. Akira se deprime y un año después intenta suicidarse. Tenía 70 años.

Un hombre que se suicida siempre tiene una razón que llevarse a la tumba, así que no trates de descubrirla.

(Akira Kurosawa a su sobrino).

1933. Heigo Kurosawa, hermano mayor de Akira, y su mayor influencia personal, se suicida.

Cinematograficamente, Dodes ka-den no alcanza el nivel estético/técnico de sus otras películas. Su historia, contada sin prisas y con un montaje paciente, puede no ser muy atractiva como un todo. Sus personajes, o actuaciones, parecen perderse en ese esfuerzo coral que exige el guión. Su metáfora entonces pasa desapercibida. Pero está. Está.

Dodes ka-den sugiere ser, como expresión, la onomatopeya del sonido de una locomotora. La película inicia con esa frase repetida varias veces por uno de sus personajes: un joven de aparente retraso mental que siempre sonríe, mientras repite Dodes ka-den, sonido de su locomotora imaginaria.


La película trata sobre una pequeña comunidad acentada cerca de un botadero de basura. Un grupo de personas pobres con una historia que contar, sin contarla. Una fracción de la sociedad que es ignorada por el colectivo general. Los olvidados a propósito. Akira, pues, toma la palabra por ellos y, con su cámara, nos expone la miseria y tragedia de estos seres marginales. 

La película, pues, es una denuncia.

Quizá por eso no gustó. A nadie le gusta que le restriegen la miseria en la cara. Akira, quien había acostumbrado al público a grandes historias, con esta película les bajó a la tierra, a la realidad, a una realidad que es preferible ni nombrar.

Dodes ka-des es un cuento de varias historias relatadas como una gran metáfora de la vida. Una galería de cuadros con realidades de un barrio bajo de Japón, pero que puede ser cualquier parte del mundo.






Una madre, con un hijo con retraso, que reza a diario para que sane. Dos mujeres que comparten a sus esposos, dos borrachos sin cura. Un hombre que cría a sus hijos, a pesar de no tener la certeza total si son de él. Dos mendigos, sin hogar, que sueñan todos los días con una casa. Una joven que trabaja de sol a sol, y sufre abuso... un hombre que es feliz viviendo con una mujer amargada.

Cada historia tiene una escena como discurso. Algunas, desgarradoras. Otras, inspiradoras. A mi me fue imposible evitar la catarsis.

En cierta ocasión, Akira, intentando explicar la magia del cine como arte, concluyó diciendo que rara vez una película completa logra hacer catarsis en el espectador, algo muy distinto a una sola escena que nunca se olvida. Algo que para él, un director de oficio, le resultaba curioso, mágico e inexplicable. Así, el cine son escenas, momentos...

Dodes ka-de es momentos. Escenas. Algunas de ellas superiores e inolvidables.

Por ello pienso que es la película más íntima de Akira, incluso por encima de Sueños (1990), basada en sus propias imágenes oníricas. Es Akira tomando un mensaje personalmente y publicándolo a costa de todo. Akira manifestado justo esa idea del momento cinematografico, la escena, para dar un mensaje. Por eso, al sentir la incomprensión a su película, se sumergió en una depresión tan grande, pues se sintió incomprendido. Solo cuando nos atacan en algo personal e intimo nos hieren.

Esta película pudo ser la última de Akira, maestro de grande directores.


Sin embargo, no fue su última película. Sería la primera en color, y después de ella, como el fénix, Akira resurgió de sus cenizas. Como caso curioso (casi único) de la historia del cine, Kurosawa filma en su vejez, Ran (1985), una de sus mejores películas, además de Dersu Uzala (1975), Kagemusha (1980) y Sueños (1990). Todas de gran aclamación.

1998. Akira Kurosawa muere. Tenía 88 años.

Siempre he pensado que Dodes ka-den es como un parte aguas. Hay un antes y un después de esa película. Por eso mi valoración.

Conocí de Akira por la admiración de otros. Conocí su cine a partir de Dodes ka-den, justo en el año de su muerte. Su cine influenció a tantos cineastas, pero, a pesar de eso, nunca perdió la humildad de decir que admiraba a otro grande (o el más grande): John Ford.

Un diálogo entres ellos evidencia la mutua admiración:

John Ford, al conocer a Akira, le dice "Vaya, le gusta a usted mucho la lluvia", haciendo referencia a la presencia constante en sus películas de tal fenómeno climático. Akira sorprendido responde "Vaya, ha visto usted muchas de mis películas".

Genios.

No mueran sin ver Dodes ka-den.

Paz.

18.4.15

El despertar...

De pronto, abres los ojos, y...



Entonces, te das cuenta que han pasado diez años desde La venganza de los Sith. Diez años. Luego, das clic otra vez, y otra vez, y otra vez... mientras recuerdas la primer película de Star Wars que viste en el cine. Las emociones siguen intactas.

Entonces, ¡pum!



Y te das cuenta que las emociones siguen intactas. Aplaudes. Das clic otra vez, y otra vez, y otra vez...

Algo ha despertado.

Matthew lo sabe también.



Todos lo saben. Tú lo sabes.

Me gustaría conocer la reacción de Barney, Marshall y Ted.


Pero sabes que sería la misma.



Entonces, cierras los ojos, y esperas.




1.4.15

Fotos e historias

Se dice que una imagen vale más que mil palabras. Dicen...

Yo, disiento.

Por ejemplo, la siguiente imagen:


En principio, lo evidente es un pájaro que lleva encima un animal. Ese animal, a simple vista puede ser un roedor. Quizá una ardilla. Un ojo conocer (no necesariamente experto), establecerá que el pájaro es un carpintero y el animal es una comadreja. Un ojo experto reconocería a un Picus viridis, macho, con una Mustela nivalis, probablemente hembra, sobre su lomo. Y así.

Lo interesante no es todo eso, sino qué explicación tiene tal imagen, pues resulta sumamente curiosa.

Consideremos algunos pies de foto.

"Carpintero lleva a dar un paseo a su amiga comadreja"
"Comadreja aprovecha vuelo de carpintero para buscar sus crías"
"Carpintero ayuda a comadreja herida..."
"Comadreja intenta aparearse con carpintero en pleno vuelo"
"Carpintero es atacado por comadreja en pleno vuelo"

El pie de foto no necesariamente es un explicación. Es una descripción de escena, con cierto tono explicativo, pero no es una explicación de cómo y por qué se toma la imagen. Puede existir un dato de un cuándo, pero no hay una explicación ampliada que termine definiendo la historia tras la foto.

La historia es otra cosa.

En el artículo La comadreja que voló sobre el lomo del pájaro, de El Mundo, se lee el pie de foto Una comadreja volando sobre un pájaro carpintero. Se reconoce como autor de la foto a Martin Le-May (@KingYamel). Luego, se da un explicación ampliada de la historia que más o menos concuerda con la versión que Le-May dio a BBC y a Metro sobre cómo logró tal foto.

Eva Mosquera, o el responsable de los pie de fotos de El Mundo, incluso conociendo la historia, pusieron un pie de foto que puede estar contando otra historia. Además, la foto, pues, parece un montaje.

No dudo de la historia. Ni de las otras fotos que la respaldan. Le-May, como testigo, cuenta con pruebas que dan fe a su  historia, pero esa foto, la foto comentada, la que todo mundo conoce, tiene más pelos de falsa que plumas de real. 

Por favor, revise el orden que use al intentar describir la foto. Primero, lo evidente. Luego, el conocimiento. De último, el conocimiento experto. 

Un experto en fotografía, conociendo el lugar, la hora, la cámara, la distancia en que se tomó la foto, etc... podría decir si ESA foto es real o no. Un experto en photoshop, sin conocer todos esos detalles, podría distinguir los trucos en poco minutos. Un experto en fauna silvestre podría decirnos si las proporciones son reales, y si la conducta de los animales está mostrada en la imagen. También nos diría si es posible que esos animales estén juntos en el hábitat mencionado por Le-May, y así, en busca de la verdad, podríamos hacer todo un documental sobre la foto de Le-May que, para mi, es una especie de miliciano.

¿Qué es un miliciano?

Un fraude.

La foto es real. Allí está un hombre con ropas civiles y armamento miliciano, aparentemente cayendo al suelo debido a un disparo. Robert Capa capturo la imagen en 1936 durante la Guerra Civil Española. El fraude no está en eso. El fraude es la explicación de la foto que fue usada como bandera de la Revolución Española.

No es cierta su historia. Da igual el pie de foto que pusieran bajo ella (apareció en la revista Vu, en 1936 junto a otras fotos con pie de página Guerra Civil Española: cómo son abatidos, cómo han huido y en la revista Life en 1937, con pie de foto Leal miliciano en el momento de su muerte).

Quizá ni era una foto de Robert Capa, el hombre, sino de Robert Capa, la sociedad artística formada en esos días por él y su mujer (véase caso Alice Cooper, como ejemplo). El evitaba a toda costa hablar de ella. Su versión: se sentía responsable de su muerte...

Sin ser la prueba final, La sombra del iceberg (2007) aporta mucho a revisar nuevamente la historia de la fotografía. Claro, hay más pruebas, pero el documental ayuda a quien ni es conocer ni experto en el tema a tener una idea de por qué la foto no es lo que se dice de ella.

Allí, también, se pasa de lo evidente, al conocimiento y al conocimiento experto. Y más, al contexto general de la fotografía y su "historia oficial".

Así, hacer un miliciano es hacer un fraude.

Manos arriba, esto es una foto.


Los ojos de un niño no mienten. Los adultos, con el paso del tiempo, aprendemos a disimular, pero siempre se puede ver en los ojos un pista de la realidad. Un niño, en cambio, puede decirnos la verdad incluso cuando nos miente.

La foto anterior muestra un niño con las manos arriba. En principio se ve un varoncito, y no se sabe por qué levanta las manos. Tampoco es muy claro el lugar dónde se tomó.

Fue Nadia Abu Shaban, fotoperiodista palestina, quien la mostró al mundo, pero quien tomó la foto fue Osman Sagirli, un fotoperiodista turco. Él revela que no es niño sino una niña de 4 años llamada Adi Hudea. Explica también que ésta tiene los brazos arriba pues "pensó que la cámara era un arma".

La foto se publicó en diciembre 2014, en Türkiye, uno periódico de Turquía. El 24 de marzo 2015, Nadia la "comparte" en su cuenta de twitter con el Hashtag #Surrended. BBC busca al autor, y consigue su versión: la niña es una refugiada siria que se asustó al verlo con su cámara, pues pensaba que era un arma.

Claro...

La confusión de género puede entenderse por el corte de pelo y el suéter. Algo muy extraño, pues las niñas sirias tienen un código de vestimenta diferente al de los niños, pero quizá esta niña tiene ese corte por protección, como despistando haciéndola ver como niño (están vendiendo niñas sirias). En condición de refugiada, está bastante rellenita, lo que se nota no solo en sus mejillas sonrojadas sino en sus manos, que a propósito tiene cerradas. ¿Qué lleva en las manos? ¿Por qué no las abre?

La foto es un primer plano. El fotógrafo estaba cerca. ¿Realmente no conoce las armas una niña que por efectos del conflicto vive en un campo de refugiados? Si tenía temor del fotógrafo, ¿por qué no corrió antes de que éste llegara cerca? ¿Estaba respondiendo a una pregunta del fotoperiodista, algo como "muéstrame cómo hiciste"? ¿Posaba?

Su expresión, cual Gioconda, es un enigma. Unos ven miedo, otros pena...

Antes he escrito sobre fotos falsas y cómo revisar la historia tras ellas. Hoy, por motivos que desconozco, en ese post no se puede ver las fotos expuestas, y cada vez que actualizo, las fotos son baneadas. Raro.

En otro sitio, aporté pruebas para demostrar que cierto video difundido por Al Jazeera era falso (tomas cerradas, planos cortos, escenografía montada, etc...) pero, de la nada, el post desapareció. Ya no existe. Raro.

En ambos caso, no me equivoqué.

El carpintero y la comadreja

Hay photoshop en esa foto. Y más. La historia es muy curiosa, pero venderla con una imagen como la que muestro a continuación no hubiera resultado:



Es probable que ni Le-May ni Sagirli quisieran hacer un miliciano. Quizá ni el mismo Robert Capa deseaba que esa foto se convirtiera en lo que fue. Fotos tomadas por un motivo, pero usadas para otro. O fotos tomadas con un motivo, sin mostrar la realidad. Quizá Capa sintió que hizo un Juan Diego, que es otra historia. Por eso le incomodaba hablar de esa foto. Aunque no le incomodó lucrarse de ella.

En esos días, las guerras también se ganaban en las radios, en los periódicos y en lo cinematógrafos. Por eso muchos directores de cine iban a la guerra. Filmaban películas. Editaban en salas oscuras y mandaban sus cortes (cortes del director con patrocinio militar) a los cines. Alguna batallas ni se dieron.

Hoy las guerras también se dan en la TV y en las redes sociales. Desinformar o informar parcialmente es parte del plan. En Oriente medio anda mucho periodista y fotoperiodista freelance haciendo guerra, a su conveniencia, a favor del mejor postor o por idealismo.

No me extraña que el eco de la foto surgiera de Nadia Abu Shaban. En Türkiye no tienen la misma agenda de Nadia.

La historia nos ha dado tantas fotos sospechosas, como esta:




Yo, involuntariamente, hice un miliciano. Un día me mostraron una foto vieja donde aparecían dos niños sosteniendo un balón. ¿Y estos?, pregunté. Son tus tíos B y E cuando eran niños, me dijeron. Quedé muy sorprendido porque de niños ellos fueron muy pobres, y que hubiera una foto de ellos juntos me resultaba hasta irreal. Examiné la foto, y dudé; pero quien me decía tal cosa lo hacía muy seriamente.

Desde niños andaban siempre juntos, dijo. Y como desde que tenía razón siempre los había visto juntos, no dude más.

Todo el día tuve la foto en mis manos, examinandola. En la tarde, fui a casa de uno de ellos a mostrarsela. Por algo que no pregunté, estaban disgustados entre ellos. Sin embargo, al ver la foto, los ojos de B mostraban mucho asombro. ¡Sí, somos nosotros!, me dijo. Le deje la foto, explicando que llegaría más tarde por ella. Mi sorpresa en la noche fue encontrar a ambos tíos conversando, riendo y viendo la foto.

"Creo que eso fue en tal lugar", "Esa pelota era de tal persona", "Allí no había nacido aquel o aquella". Así decían. Entre dudas y recuerdos varios. No quise quitarles la foto, pues hasta hablaron de ampliarla.

Cuando llegué a casa, quien me había mostrado la foto me la pidió. Yo, tranquilamente respondí que se las había entregado a esos dos personajes. ¿Por qué si no es de ellos?, preguntó. ¡Ni siquiera son ellos!, me dijo.

¿No son ellos? Pero...

La foto la habían encontrado mientras arreglaban un local. Cuando esta persona la vio, no pudo evitar ver el parecido de esos dos niños a los adultos mencionados. Como sabía que yo era muy cercano a ellos, me contó la historia como si la foto era real. Yo, que no conocía a éstos cuando niños, compré la historia y se las revendí a tales seres.

Ignoro si ampliaron la foto o no. Es más, nunca más volví a preguntar por ella. No sé quién de los dos se la quedó en propiedad, ni si descubrieron si era falsa. Nunca me reclamaron ni volvieron a mencionar el asunto. Quizá porque terminaron enemistandose a tal punto de evitan siquiera mencionar los nombres de cada uno.

No tomé la foto, pero yo la hice un miliciano.

No pretendo cuestionar la mirada de Adi. No busco que Le-May confiese. Da igual si mañana Magnum Photos da un comunicado oficial revelando que en efecto El Miliciano (la mejor fotografía bélica de todos los tiempos) fue una escenificación y la historia contada es falsa.

Mi punto es que no siempre lo evidente es lo cierto. Una historia no puede contarse desde una sola foto.

Paz.