18.2.13

Silver Linings Playbook, o todos estamos locos

¿Cómo debe reaccionar un individuo que pilla in fraganti a su esposa mientras tiene sexo con otro hombre, en su propia casa, en su propia ducha y, para colmo, mientras suena la canción de su boda a todo volumen? ¿Pide disculpas y se va? ¿Se sienta a esperar? ¿Le busca el lado bueno a las cosas? ¿Qué? ¿Cómo?

El origen de Silver Linings Playbook es ese.


Pat, protagonista del film, intenta matar a golpes al amante de su mujer. Esa es la reacción. Y no piense que es un spoiler, pues no lo es. Estas líneas solo aclaran el punto de partida del film. Cuando Pat es dado de alta de una institución mental...

Simpática. Eso es Silver Linings Playbook en una palabra. Y la simpatía tiene origen en tres palabras: guión, dirección y actuación. Entendiendo que guión no es igual a historia, debo anotar que es un guión con ingenio. Salva a la historia de sí misma, al no dejarla caer en el cliché absoluto, aunque asoma. Y si no se da a entender de entrada, es por los diálogos nerviosos que son parte de la idea final.

Es en ese lapso donde la dirección es vital. Y David controla bien el desarrollo. La cámara en mano persigue al protagonista, a veces como si se tratara de un reality, a veces como si fueramos nosotros mismo sofocando a Pat. La cámara muestra lo que hará, y lo hace, sin buscar engañarnos en ningún momento. Nos sienta a la mesa con los protagonistas.

Escribir el guión da ventaja al director. Por ello, sacar provecho a los actores es más fácil. Y David logra sacar provecho de todos los actores, por mínima que sea su aparición. Una frase, un diálogo, una mueca... el guión beneficia a la dirección y estos dos a la vez benefician a los actores.


Bradley me sorpende. Si bien es parte de un reparto coral, es su papel el eje de la misma. Intrpretar a un individuo con transtorno bipolar requiere de comprensión. Si comprendes puedes transmitir. Y él transmite bien a medida que la película avanza.

Pero si hay alguien que sacude el plato es Jennifer, como Tiffany, quien redime a Pat, a su manera, y quien nos hace entender el cosmos de la película, o quien termina conectandonos a ella.


Algunos de los diálogos más profundos salen de su boca, aunque no parezcan tal cosa. Verla cambiar de ánimo en segundos se torna delicioso. Es con esta chica que aprendemos que el prejuicio y la ignorancia nos hacen ciegos a la realidad, que de una u otra forma todos nos necesitamos a pesar de nuestros transtornos.

Ella, que hace ver blanco lo gris, nos pone ante el espejo. "Me abrí a ti, y me juzgas", dice, antes de gritar "Púdrete". Y es que la locura, si es que existe tal cosa, es relativa. Nadie está excento de alguna compulsión o algún desorden. Unos mienten, otros no saben decir no. Otros buscan la perfección, mientras algunos a penas y se enteran que existe. Pero eso, todo eso, es relativo.

Simpática. Sin ser solemne, o moralista, Silver Linings Playbook es una lección de vida.

Sin llegar a ser una obra maestra, ésta es una película que debe verse. Nominada en todas la categorías importantes (película, director, actor, actriz, actor y actriz secundarios, guion...) con mucho acierto por parte de la Academia. La actuación de De Niro es justa, precisa, y Jacki Weaver, con pura expresión facial, logra que su presencia en el filme no esté de más.

Si el Oscar se ganara por un tiro al blanco, Jennifer partiría con tres chances de ventaja.

Esta película me hizo recordar a Billy Wilder. El domingo puede dejar sin premio a muchos.




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