27.7.12

La lluvia siempre trae algo

Intentaba terminar un cuento, en mi mente, pero preferí escribir palabras en este sitio semi abandonado, como para desempolvar ideas o simplemente dejar constancia de alguna cosa. Aunque no sepa exactamente qué cosa es.

Antes, cuando el plan era no tener plan, veía ideas en todas partes. Algunas un poco descabelladas, como creo que terminaré algún día. Otras bastante serias, pero, por fortuna para la humanidad, ninguna se ha llevado acabo, todavía.

Hoy he tenido algunas, pero ya no insisten pidiendo en hablar, como antes. Ahora escuchan. Escuchan a las reflexiones, que se oyen más que antes. Quizá por el silencio...

Y es que hay mucho silencio. Mucho.

Esa fue mi primer reflexión mientras me cubría de la lluvia, junto a un grupo de desconocidos que evitaban mojarse. Algo que hoy entiendo y que antes, cuando disfrutaba caminar bajo la lluvia, no. Quizá la edad, o el recuerdo de estar a punto de una neumonía. No sé.

Estaba en la orilla, pensando en los silencios que hay en una conversación. Porque, no importa la cantidad de palabras, siempre hay silencios. Unos más grandes que otros. Y no son paso de ángeles, como algunos creen.

Pensé en quienes estaban allí, conmigo y sin mi: desconocidos que hacen plática mientras la lluvia pasa... pero mantienen silencios como murallas. Sin importar los temas en común o simpatía, el silencio está presente.

Hay cosas que no se dicen, ni se dirán, aunque se griten, pues el silencio las ahoga.

De todos, yo era el único sin hablar. Luego la escena reveló al otro extremo a una joven que tampoco hablaba y como yo, que le contemplaba de lejos, estábamos como ausentes.

Entonces pensé en la ausencia. En la más notable de todas las ausencias: cuando uno está.

Venía de comer con mis amigos, lo que siempre resulta en una plática amena, jocosa y también seria, pero donde poco a poco comienzan a notarse ausencias. Esos no estar cuando se está en algún sitio no se esconden. Es difícil. Quizá porque estamos destinados a eso: ausentarnos.

Porque ausentarse es estar en uno mismo, creo. O intento creer, para evitar sentir que nunca estoy en algún sitio.

Antes, cuando caminaba bajo la lluvia, no pensaba en estas cosas. Antes, cuando anotaba en mi agenda la hora en que iba a llover (porque ésta era muy puntual) prefería tener ideas. Algunas de forma inconsciente. Sin embargo, hoy, cuando busco donde protegerme de la lluvia, cuando la lluvia es impuntual, prefiero reflexionar. Y entonces me doy cuenta del cambio. De mi cambio.

Soy el mismo, pero no hago las mismas cosas que hacía antes y eso debería de contar para calificarme como otro individuo, diferente al que era. El otro, el de antes, no se parece mucho al que ahora es, a pesar de ser iguales, de pensar lo mismo, de ser...

Detengo toda reflexión, a propósito, para ver la hora.

El cálculo inicial dice que debería estaría en un cine viendo el estreno de una película que ya no sé por qué quiero verla exactamente. Pero estoy en otro sitio. Quizá el destino, quizá el desgano, o quizá la solidaridad entre amigos, esperar verla cuando todos puedan, aunque el único que no puede hoy diga que no importa que lo dejemos fuera.  Quizá sea mala suerte, o falta de planes. Quizá sea nada.

Me quejo, mientras advierto que ya no llueve tan fuerte como antes. A penas caen unas gotas tímidas. Una voz me interrumpe y pregunta si aún hay transporte a esa hora. No lo sé. No, no, no. Pienso que es un ángel, una hermosa visión que me ayuda a espantar las reflexiones, un rescate... Pienso en las casualidades, en el destino... ¿por qué estoy aquí, hoy? ¿Por qué me interrumpen justo ahora?

Hay un taxi detenido frente a mi. Una joven lo aborda, pero luego se baja de inmediato. El taxista me llama. Me pide que le ayude a cerrar bien la puerta que esa joven dejo entreabierta. Y mientras ayudo, pienso en que nada es casualidad, en que a veces, los accidentes son un plan. Entonces decido escapar, tomar el viaje en ese taxi que sé que me esperaba.

Ahora lo sé. Era mi taxi. Era mi viaje. Mi escape... o mi encuentro. Era el momento. No es casualidad estar, ser...

Pienso que no es casualidad la lluvia, el beso en la musa o que yo esté despierto aún escribiendo palabras anønimas. Pienso que el plan de no tener plan siempre resulta bien después de todo, porque estoy, soy y eso cuenta una vez más.



1 comentario:

Folósofo dijo...

El silencio, las ausencias, las reflexiones siempre traen algo mi estimado, aunque la lluvia se ausente.