19.7.11

Neurosis Copa América 2011





En el universo, este universo, siempre hay tiempo para hablar de fútbol, y escribir acerca de ello también. Lo que falta en el universo, este universo, es la cordura para hablar o escribir de fútbol. NO la hay. NO existe.

Las constelaciones se alinearon para que esta Copa América, Argentina 2011, pusiera en evidencia esta carencia y para demostrar que, efectivamente, hablar de fútbol puede ser tan peligroso como poner dos gotas de cianuro en una taza de café.

Mi oficio no es de profeta, dije a un amigo luego de predecir la deblace del combinado albiceleste antes de que iniciara la Copa América. No deje de ser considerado ignorante , loco y hasta hereje por mi predicción. No, no soy profeta, pero acerté.

Después de las primeras dos rondas, Venezuela, Colombia y Chile me parecían las selecciones que se habían tomado más en serio la competición, y al día de hoy, la vinotinto es, según las encuestas de opinión, la segunda favorita a ganar el trofeo, detrás de los charrúas. Claro, cuando yo lo mencioné parecía un mal chiste o que padecía de delírium tremens.
Todo el asunto incómodo de este torneo inicia por un ser que no tiene culpa del asunto: Messi. Elegido por Europa como el monarca del balompié mundial, estaba llamado a mostrar su poder contra las 'selecciones menores' de un continente con olor a tercer mundo. Este ser, predestinado a la gloria, debía ser el caudillo de la selección argentina en su ruta hasta la gloria en propia casa y además, borrar de una vez por todas ese signo de interrogación constante que aparece cada vez que se pone la camisa albiceleste.

La cosa no resultó así.

Luego, los cariocas. La selección de Brasil, también predestinada a la gloria suprema, se tropezó con Ecuador, Paraguay y Venezuela en el mal llamado "grupo de la muerte" sorteando su suerte con algunos empates y una victoria raquítica, y, como dice una canción, terminó tropezando con la misma piedra de Paraguay en cuartos de final para quedar fuera del torneo con la sensación de haber arado en el mar.

De los demás ¿qué podemos decir? A Uruguay se le acusa de ser una especie de One-Hit Wonder del Mundial de Sudáfrica 2010. Un once de tramposos que se valen de todo para lograr sus objetivos. A Paraguay apenas y se le considera algo más que unos labradores en la región y Chile, sin Bielsa, dejó de ser el "relojito suizo" que a todos gustaba. Los otros, solo para adorno y llenar cupo. Para nada más.

Son justamente esas consideraciones las que manifiestan la falta total de cordura cuando se habla de la religión más grande del mundo: el fútbol.

La prensa mundial habla de un torneo atípico, de una Copa América para el "olvido" o, en el mejor de los casos, del certamen donde los grandes "se descuidaron" de los chicos.

Entiendo, y no, la idea que Argentina debía mostrar algo más y que Brasil "es Brasil" donde sea, pero de eso a esperar que toda la vida sean ellos los que ganen 'per se' me parece tan extraño como ver a Simon Cowell en suéter rosa.

Cierto "comentarista" deportivo salvadoreño se pone terco al hablar del "triunfo del antifútbol", como si las selecciones que a estas alturas siguen en la competencia se hubieran dedicado a jugar con las manos o a entrar al campo con un bats o guantes de boxeo a golpear a arquero, defensas, volantes, delanteros y hasta al árbitro con tal de sacar un resultado. Como si ha algunas selecciones hay que dejarlas pasar a hacer cuantos goles sean necesarios para beneficiar el "espectáculo".

Pareciera que la regla de "el equipo que hace más goles que su rival es el ganador" está quedando vencida y se debe aplicar una regla donde diga "el equipo que guste más a la prensa por sus jugadores, el que tenga mejores patrocinadores o que juegue más bonito (según la idea de la época) ese debe ganar por definición".

Desde los inicios, el equipo que hace más goles gana. Simple.

Claro, a ningún canal de televisión le conviene que se baje el rating de audiencia antes de las semifinales y que la gente que poco o nada sabe de jugadores que no juegan en ligas europeas prefieran ver el tour de Francia a los partidos que faltan de la competición. A las marcas patrocinadoras tampoco les conviene que los jugadores que salen en sus anuncios ya no estén en el césped "jugando al fútbol", ni a ciertas federaciones les conviene perder sus "bonos" por resultados en el certamen. Los periódicos prefieren montar un escandalo sobre "el poco nivel mostrado" en la Copa América en lugar de dedicarse a informar a sus lectores sobre las selecciones que, bajo las reglas del juego, siguen vivas y aspirando al título.

No faltará algún folósofo que diga que "el fútbol y la afición salieron perdiendo" en esta Copa América.

Me parece irrespetuoso decir que "la afición mundial pierde" con los equipos que han sido capaces de llegar hasta semifinales y no tomar en cuenta la alegría de miles de uruguayos, venezolanos, paraguayos y peruanos que están regados por todo el mundo con una sonrisa de oreja a oreja porque sus selecciones, sus queridas y adoradas selecciones, están en semifinales de Copa América.

Me parece una burrada cuestionar el trabajo de once jugadores en la cancha que, contra todo pronóstico, lograran vencer a las "favoritas" del torneo solo porque, según la idea colectiva, se dedicaron a defenderse y no propusieron fútbol. Como si defender a Messi o a Neymar es cosa de cualquiera niño que se pone una calzoneta y sale con tacos a una cancha. Como si mantener la intensidad durante 120 minutos es pan comido, o, según la marea actual, como si osar defender una portería con alma y convicción convierte a cualquiera en villano automáticamente por ennegrecer el "deporte más bello del planeta".

Es como acusar a Rafael Nadal de abusar del antitenis por basar su juego en la defensiva y no en el ataque como lo hacen otros colegas suyos. O como decir que Rocky Balboa (perdonenme lo cinematográfico) es un perdedor por aguantar, según sus características, la embestida de un campeón. Por favor!

"Los nuevos villanos", sí. Ese parece ser el cartel que algunos medios le ponen a selecciones como Paraguay y Uruguay que con mucho carácter lograron eliminar a las dos favoritas del torneo.

¿Es culpa de los charrúas que los gauchos fuera incapaces de meter el balón en al arco más veces que ellos? ¿Es culpa de los guaranies que los cariocas mandaran a volar el balón tantas veces como fue posible? ¿Es antifútbol ser un buen defensa y sacar el balón de la línea de gol para no perder? ¿Es antifútbol ser un arquero con reflejos de gato y volar por los aires para evitar un gol? ¿Es antifútbol patear bien un balón y meter gol?

Extraño todo lo que leo, veo y escucho.

Un comentarista mexicano, mientras entrevista a uno de los goleadores venezolanos, se jacta que su selección, en 1995, como invitada, llegó a la final y luego del autocomercial le pregunta qué siente que Venezuela llega por "primera vez" a semifinales. ¿Qué pasa?

Otro periodista dice no saber si una selección que nunca ha ido a un Mundial merece ganar la copa o estar entre los cuatro candidatos a ser finalista del torneo, olvidando que el requisito para ganar un torneo es, en primer lugar, hacer más goles que el contrario y luego, no ser eleminados. Sumar puntos y eliminar al rival, no haber participado en tantas copas mundiales como sean posibles. Bajo esa idea, hasta El Salvador podría ser un candidato más digerible que Venezuela. ¿Qué pasa? ¿Dónde quedó la cordura?

Claro, cada quien pinta como le guste o como le encarguen. Si la selección de El Salvador, por ejemplo, estuviera en la posición de Perú o de Paraguay, los comentarista locales, los de aquí, los guanacos, los ignorantes, los alineados, estarían ofendidos que el mundo entero les llamase "villanos antifútbol" y defenderían a capa y espada un sistema defensivo diciendo que se juega "de acuerdo a la capacidad de cada selección". Sí, estarían diciendo que se ganó con garra, coraje, pasión, valentía, sufrimiento... y miles de salvadoreños regados por el mundo estarían saltando de alegría o sufriendo la indignación mundial como pasa con paraguayos, venezolanos, peruanos y uruguayos.

Triste.

En el universo hay tiempo para hablar de fútbol, sí, pero sin cordura lo mejor es hablar de otra cosa.

Triste por Messi, que no ha pedido que le comparen con nadie y que sufre sin sus compañeros Barcelona. Triste por sus compañeros que "nunca jugarán a su nivel" aunque jueguen mejor que él y canten el himno nacional. Triste por Forlán y compañía, que hagan lo que hagan seguirán siendo considerados los One-Hit Wonder del fútbol mundial. Triste por Venezuela, que se le debe restregar a cada momento no ser Brasil o Holanda y haber descubierto el hilo del fútbol hasta hace muy poco. Triste por Paraguay, que es subestimada per se y desvalorada. Triste por Perú, de quien no se espera nada más que haga un puente para que pasen otras selecciones. Triste por Bolivia, que no merece nada y debe conformarse con participar. Triste por Brasil, acostumbrado a ganar porque sí. Triste por Ecuador, que ni tiene el dinero ni el talento para estar en una final. Triste por Chile, porque su papel debe ser siempre de "un buen competidor" pero no un campeón (véase mundial '98). Triste por Colombia, porque su Copa América "no se puede ganar sino en casa" bajo la lupa de antinarcoticos... ¿y los invitados? De esos ni hablar...

La Copa América Argentina 2011 solo demuestra tres cosas: que siempre hay tiempo para hablar de fútbol, que no hay cordura suficiente para hacerlo y que si no metes más goles que tus rivales y pierdes se vale decir cualquier cosa en honor "al espectáculo".

Salvese quien pueda.

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